En mi pecho hay lagrimas de dolor.
Todos charlando alegremente en la sala
ríen y debaten temas que desconozco,
los escucho desde aqui, desde mi rincón,
desde donde veo pasar mi vida gris,
aburrida y cansada de ignorancia.
Llovió, y sigue tronando allá a lo lejos,
parece que esta noche será de llanto.
Suspiro, sola, quieta en la oscuridad,
nada pasa, estoy vacía de vacíos llenos,
escucho las risas y el llanto del pequeño
que llegó a revivir mi corazón muerto
sepultado en un cuerpo que ocupa un lugar
que a otra pertenece. Hay dolor de muerte
en esta vida que solo me da tristezas,
sufrimientos y que no merezco vivirla.
Llueve otra vez, caen lagrimas del cielo
herido nutriendo la tierra enferma
que mi pie a pisado adolorido y sangrante.
Hay espinas en el camino de mi existencia.
Sangra una herida que no cerrará nunca.
El aire entra friolento por la ventana
siempre abierta de mis ilusiones rotas,
besa mi mejilla mojada de lagrimas frías,
trae un recuerdo que es desprecio cruel,
trae un olvido que inventó la noche.
Escribo a oscuras, se fue la luz eléctrica
después que el cielo gritó ensordeciéndome.
Escribo palabras de sangre transparente.
En gotas les dejo mi dolor y versos a nadie.
Aquí dejo derramada la rabia que siento
por ser un fracaso y no servir para nada.
Es noche, los escucho aun conversando.
Ya no veo, la oscuridad cubre mi alma.
Hay recuerdos que duelen y envenenan.
Sigue lloviendo afuera intensamente
y los rayos iluminan de vez en cuando
el cuarto donde me desangro en letras
que apuñalan el papel donde escribo.
Debo poner fin a estas palabras hirientes
porque a regresado la electricidad
a esta noche de lluvia y vacíos llenos.
Sandra Figueroa
2005





















