En esta mañana llena de sonidos,
camino sin sentido entre el monte,
el canto de los pajarillos silvestres
escucho sin emoción, y tristemente
veo las olas de la presa, y escucho
el rumor del agua, y se que algo dice
pero no entiendo su lenguaje.
Camino solitaria por los senderos
que formaron los animales, o quizá
alguien que como yo una mañana,
tratando de encontrarse así misma,
vagó por estas mismas veredas.
Los sauces, con sus grandes ramas
me miran sin hablar, no hay nada
que ellos puedan decirme, callan
porque comprenden mi sufrimiento.
Entre los carrizales, una serpiente
me observa, y veo que se burla
de mis lagrimas silenciosas.
Camino, camino sin caminar,
no se a donde voy, camino sola,
no encuentro la ruta de regreso
a lo que creí era mi paraíso.
Camino y los nopales me entienden,
ellos, abandonados y despreciados
saben lo que pienso, pero tristes
no pueden decirme palabra alguna.
Camino, y a orillas de la presa,
a mi mente llegan las palabras que
alegraron muchas tardes grises
mi existencia solitaria y triste,
pero pienso afligida, que solo
fueron palabras sin voz,
y de mis ojos brotan lagrimas
tan silenciosas y amargas
que caen confundiéndose
con el agua que a mis pies desnudos
los acarician con lastima,
tratando de darme la ternura
que nunca he podido tener
y que tanto he esperado.
Camino, sola, sin dirección,
torturada con mis pensamientos
y con la tristeza enorme
de saber que estoy perdida
en el sueño que no debí soñar.
Sandra Figueroa
2001