SUEÑO-6
POETIZA estaba sola, en el Bufete de Abogados donde trabajaba como secretaria conoció a un hombre muy rico y mayor que ella, su jefe y dueño del lugar. El era viudo y le pidió matrimonio después de unos meses de haber salido como pareja, POETIZA aceptó sin pensarlo mucho, no era ambiciosa pero quería una vida diferente y cómoda, no estaba enamorada de el y se lo dijo, aun así el aceptó diciéndole a POETIZA que con el tiempo lo amaría. No habían tenido relaciones sexuales pero ahora que estaban comprometidos tenían que hacerlo le dijo el.
El Sábado su prometido llegó por la noche para llevarla a cenar al Restaurant Regio, cuando regresaron el le dijo que quería hacerle el amor. Ella accedió.
En la recamara el la miraba, ella empezó a besarlo y desnudarlo ya que el no se animaba, se desnudó ella y le indicó que se acostara, lo siguió besando y el correspondía a sus besos fogosos mientras que los de el eran suaves y tiernos, POETIZA necesitaba mas que caricias, hicieron el amor, ella lo miro a su lado aun agitado y le dió un beso en la frente.
—No soy muy fogoso mi amor —dijo el y ella le contestó que se acostumbraría.
—Me haces feliz mi niña—ella sonrió y esa noche durmieron juntos y volvieron a hacer el amor.
Por la mañana mientras desayunaban conversaron de lo ocurrido.
—Mi amor, pienso que estoy muy viejo para ti —ella también lo pensaba pero no se lo dijo y el continuó.
—Puedes cancelar todo si lo deseas, comprenderé mi niña —le dijo mirándola con una ternura que a POETIZA derritió.
—No te preocupes, todo esta bien —contestó POETIZA pero pensaba que estaba haciendo mal al querer casarse con el solo por vivir cómodamente.
—Eres joven mi niña, mereces un hombre joven que calme tus ansias —y ella desvió la conversación diciendo que tenían que ir de compras.
Pasaron la tarde en Plaza Cumbres viendo escaparates, entraron al cine y después la llevó a cenar, llegaron a su apartamento y el la besó tiernamente y se despidió.
Transcurrían los días con los preparativos para la boda, POETIZA regresó a su pueblo porque ahí se casaría pero viviría en Monterrey, POETIZA estaba pensativa, ya no trabajaba, pronto seria la dueña del Bufet de Abogados, tendría dinero para comprar y hacer lo que no había podido, pero no se sentía feliz.
Su única amiga había venido una mañana a contarle algo que la dejó inquieta, eran las 2 de la tarde, el día estaba triste, ella también, recordó su noviazgo con el vecino, un muchacho joven y guapo pero pobre y mujeriego, decidió terminar con el, ella aspiraba a algo mejor, desde esa tarde nublada cuando le dijo adiós al amor ella solo quería ser feliz y vivir una vida tranquila lejos de ese pueblo y por eso le dió el si a su jefe y se casaría con el pero ahora dudaba.
Todo estaba arreglado para su matrimonio, POETIZA seguía inquieta, su amiga le había contado que en la cantina del pueblo, su vecino pasaba los días borracho y repitiendo su nombre, gritando que se suicidaría el día que ella se casara y eso la tenia reflexionando, no sabia que hacer, tenia que pensar en algo, desde que lo dejó se fué del pueblo, solo tenia una amiga, aquella con quien tenia contacto y que ahora le contaba algo que hacia a su corazón palpitar preocupado.
Su prometido no había venido, así lo decidieron, el llegaría el día de la boda, habían hablado por teléfono una sola vez y notó su voz extraña cuando ella le dijo que tenían que hablar antes de la boda para ponerse de acuerdo.
—Eres libre mi niña, has lo que creas conveniente y no te preocupes por mi, te amo y comprendo tu sentir, aceptaré lo que tu propongas —dijo y colgó.
Llegó el día del casorio, el civil sería a las 2 de la tarde y posteriormente la ceremonia religiosa en la Capilla Santiago Apóstol. Eran las 11 de la mañana cuando llegó su amiga, POETIZA tomó dos juegos de llaves y salió en su auto a toda velocidad sin decir a donde iba mientras todos la miraban horrorizados, estaba pendiente su arreglo personal le gritaban, pero ella no escuchaba, iba como alma que lleva el diablo, su amiga iba tras ella en su moto.
POETIZA llegó a la cantina del pueblo y entró apresurada mirando para todos lados, no había gente, solo el, su vecino, bien borracho, recostado en una mesa llena de botellas de vino, se acercó y le habló suavemente saludándole.
—Buenos días vecino —el levantó la cabeza, en medio de su borrachera creía que estaba delirando, su cara era de felicidad al verla y ella sonrió.