Quietud, silencio total y el eco de tus palabras
en mi mente. La visión de tus ojos en mi retina
que hacen recordarte esta tarde de primavera.
No se que debo hacer. ¡Ah, que dolor tan profundo!
Te quiero y te espero sabiendo que no volverás
y observando las montañas majestuosas, los cactus
y los magueyes pienso en lo nuestro y entristezco.
Deseo con fervor que estés aqui conmigo ahora
pero es imposible, estoy enamorada de un sueño.
¡Que triste realidad la de saber que no vendrás!
Nada puede haber entre los dos, esto es fantasía.
Yo no se si tu lo comprendes, yo lo entiendo bien
y siento morir cuando te recuerdo y sigo viviendo
pero te juro que quisiera estar bajo tierra.
Sigo aqui, sentada, absorta en los recuerdos,
allá a lo lejos los niños corren sonriendo,
yo sola, enciendo un cigarrillo, fumo mi dolor
y dejo que las lagrimas corran ardientes.
La gente al pasar me ve con gran asombro,
no me importa, no saben que la tristeza mata,
no imaginan que llevo muy bien escondido
un dolor tormentoso, una ilusión imposible.
¡Ah, que dolor el de recordarte amándote aun!
Mi corazón y mi alma están llorando esta tarde.
Aunque estés lejos, aunque nunca regreses a mi,
aun así yo te quiero desde la tarde que te conocí.
Triste veo las flores de pita que adornan el cerro
y en el bullicio de la gente te estoy mirando
sin esperanzas, sin anhelos, sin mas ilusiones.
¡Te recuerdo simplemente porque juré amarte
y cumpliré la promesa de seguir amándote
y aqui estoy, adorándote como la primera tarde!
Sandra Figueroa
2001