La lluvia cae fuertemente en Monterrey,
tan fuerte, que golpea sin misericordia
mi jardín de sueños destruyendo las rosas.
La tarde cae, oscurece, y el viento helado
estremece y seduce invitando a cerrar
los ojos y escuchar el caer de la lluvia.
El cielo enfurece de pronto, rayos cegadores
y truenos intensos acompañan mi soledad.
La lluvia cae cruelmente sobre las rosas,
sedientas de besos se bañan en lagrimas
de recuerdos viejos de otro cielo lluvioso.
Por la calle el agua corre arrastrándolo todo,
las hojas secas que el viento arrancó ayer
del árbol de enfrente se ahogan silenciosas
y van a parar a la alcantarilla de la esquina.
Aquí, muda, sintiendo frío de amor de verano,
frío de ausencia, frío de muerte anunciada,
espero ansiosa granizo a media noche.
La lluvia cae incesante y la ventana cierro,
el cristal mojado se empaña de suspiros
y los fantasmas del pasado aparecen burlones,
espectros de un episodio equivocado.
Mojada mi ventana parece que llora sangre
pero es mentira, el cielo llora para la tierra.
Oscurece, mi ventana cerrada tiembla de dolor,
tiene miedo de la noche que pronto llegará.
Cae la lluvia fuertemente sin piedad alguna
en mi jardín de sueños y destruye las ilusiones
de una flor que muere golpeada de lluvia
en el Octubre frío. Llueve, llueve afuera.
Cae la lluvia y en ella ese ahogan las esperanzas
de ser nube y viajar lejos hasta perderse.
Cae la lluvia y azota mi cordura tambaleante
en el silencio de no saber que rayos hago aqui
escribiendo mis horas que no tienen minutos,
narrando mis historias creyéndome poetiza.
Cae la lluvia y cae la muerte en cada gota
haciendo que todo acabe y al fin cierro los ojos
en la oscuridad de la nada, al fin libre.
Sandra Figueroa
2005