¡Siempre supe la verdad que tanto callabas,
pero soñé para sentirme amada,
en las tardes silenciosas que cantabas,
me sentí mujer querida y deseada!
¡Callaste por no herir mis sentimientos!
¡Callaste por temer que te rechazara!
¡Nunca sabré cuales eran tus pensamientos!
¡Callaste cuando quería que lo gritaras!
¡Callaste, y necesité que dijeras
que era una romántica enamorada,
que palabras frías no era lo que esperabas,
de una mujer triste y fracasada!
¡Callaste, muy sabio fuiste al hacerlo
para no hacer llorar mi fiel corazón,
y me dejaste hundida sin quererlo
en un mar dulce de venenosa emoción!
¡Callaste, y en mi desesperación
no pude ver siquiera tan clara verdad,
mi mente al reflexionar tenia razón,
y tu callaste hábilmente por bondad!
¡Callaste, y creí ilusa que hablabas
en horas de tristeza y canciones,
creí que enamorado me cantabas
haciéndome encender las emociones!
¡Callaste, callaste por no querer herirme!
¡Callaste, callaste la amarga verdad!
¡Callaste, callaste por no mentirme!
¡Callaste, callaste por amabilidad!
¡Callaste, y yo sabia lo que callabas,
y preferí imaginar verdadero
ese amor sincero que me inspirabas,
y te quedaste en mi ser prisionero!
Sandra Figueroa
2008