SUEÑO-2
POETIZA estaba triste y deprimida, vendió la casa y todo lo que poseía para irse a rentar un departamento en un pueblito que en uno de sus viajes le había gustado mucho.
Tomó un autobús a su destino, llegó temprano, preguntó a la gente del pueblo donde se rentaban departamentos, cuartos, o algo similar para vivir unos días, una señora joven con un bebé en los brazos le dijo:
—Dos cuadras mas adelante vive Doña Conchita, ella tiene un cuarto desocupado.
—Gracias —dijo POETIZA y anotó la dirección que le dió en un trozo de papel que encontró en su bolso. Con dos maletas en la mano, caminó buscando la dirección.
Al encontrar el lugar tocó el timbre y una distinguida señora de edad avanzada le abrió la puerta, saludó y preguntó por el departamento que rentaba.
—Es un cuarto pequeño pero tiene lo indispensable para una sola persona, si gusta pase a verlo, es en la segunda planta, tiene balcón con vista al jardín —La señora sonrió, ella subió por la escalera y al abrir la puerta sonrió, dejó su maleta en la cama y bajó.
escribir la novela que había empezado, bajó a.
—Doña Conchita, gracias, es perfecto para mi.
La señora le dió la llave e instrucciones, el departamento era independiente de la casa de Doña Conchita pero una puerta principal era para ambas, había que tener cuidado y dejarla bien cerrada le comentó Doña Conchita.
Cerca de ahí había un pequeño rio no muy profundo donde POETIZA se iba por las tardes a recordar su vida, por las noches escribía hasta el amanecer.
Eran días fríos en ese pueblito hermoso y ella casi no salía, solo a hacer las compras, y de vez en cuando al rio, pronto seria Navidad, y se ponía triste al pensar que estaría sola como años atrás.
La señora que le rentaba, era muy buena con ella, aveces la invitaba a tomar un café por las tardes, aveces también a cenar o a comer, ella también estaba sola, dos enfermeras la cuidaban turnándose los días.
Una tarde que llovía y hacia un frio terrible Doña Conchita la invitó a un chocolate y churros que ella había hecho y bajó a conversar, le contó que solo tuvo un hijo, ahora solo porque se había divorciado años atrás, que no venia a verla muy seguido por su trabajo, era policía judicial, pero que siempre estaba con ella en Navidad y Año Nuevo, que estaba por llegar, la invitó a pasar esa noche con ellos y el Año Nuevo también, POETIZA accedió, le dijo que si sin pensarlo. Doña Conchita le dijo que su hijo era muy buen cocinero y que el haría la cena Navideña. POETIZA la escuchaba atentamente mirándola a los ojos, esos ojos grandes y bellos de quien ocultaba algo que nunca había confesado, vió en ellos a una hermosa mujer enamorada y traicionada, la tarde invitaba a las confidencias y platicaron como dos grandes amigas.
—Doña Conchita, ¿y que fué del papá de su hijo? —le preguntó POETIZA. La señora se puso triste, en sus grandes y bellos ojos brilló una lágrima, ella le tomó la mano preocupada.
—Disculpe Doña Conchita si mi pregunta le causa dolor, no fué mi intención. Por favor, discúlpeme —La señora se limpió la lágrima con el dorso de su mano que temblaba y suspirando contestó con temblorosa voz.
—Esta bien, todo esta bien, es solo un recuerdo que creí olvidado —POETIZA la abrazó y ella continuó.
—Estuve enamorada, perdidamente enamorada de un hombre que llegó a este pueblo hace ya muchos años, me dejó embarazada y se fué para jamás volver. Con el apoyo de mis padres pude salir adelante, siempre tuve la esperanza de volverlo a ver, pero pasaron los años y no volvió por este pueblo, yo me quedé aqui, aqui sigo y aqui moriré. Nunca me casé, solo tuve un hijo y nunca mas me he vuelto a enamorar —Doña Conchita suspiro, POETIZA también, después de un rato se despidió.
—Doña Conchita, ya es tarde, gracias por el chocolate y la confianza —La señora contestó, aun con tristeza en sus ojos.
—Señorita Poeta, otra de estas tardes le contaré mas de mi vida —POETIZA sonrió y le dió un beso en la frente y subió a su departamento.
Por la noche pensó en escribir la historia de esa mujer que algo despertaba en ella, aun no sabia porque la escribiría, pero lo haría y se acostó a dormir un rato, estaba cansada de escribir.
Un día antes de Noche Buena escuchó voces abajo, voz de hombre, el hijo de Doña Conchita había llegado sin duda, pensó ella, no salió en todo el día, lo pasó escribiendo, así la noche también.
El día de Noche Buena lo pasó dormida hasta las 4 de la tarde, se había desvelado escribiendo hasta el amanecer, no había salido de su apartamento desde el día del chocolate, se preparó para esa noche, iría a cenar con Doña Conchita, se vistió con un sencillo vestido blanco largo, zapatillas y un chal rojo que ella había tejido, eran las 8 de la noche, bajó y tocó la puerta, Doña Conchita le abrió llena de alegría.
—Pasa hija, ven, te presento a mi hijo —y lo vió, un estremecimiento le recorrió la espalda, el también la miraba incrédulo.
—Hola —dijo POETIZA tendiendo su mano.
—Que pequeño es el mundo, nunca pensé volverte a ver, menos aqui, precisamente aqui en casa de mi madre —contesto aquel hombre emocionado y Doña Conchita sonreía mirándolos a ambos.
—¿Se conocen? —el hijo contestó aun sin dejar de mirar a POETIZA.
—Si mamá, allá en Monterrey, hace algunos años, ambos jóvenes, fué una noche de luna llena cuando por vez primera persiguiendo drogadictos miré lo hermoso que es la luna.
POETIZA no podría hablar, temblaba también emocionada, había pasado mucho tiempo, pero el recuerdo de aquella luna fué inspiración para muchos versos a un amor imposible.
Transcurrían las horas, la cena estuvo deliciosa, el había preparado un pavo relleno, puré de papa y espaguetti y ella tenia hambre, charlaron mientras cenaban, levantaron la mesa y ella fué a la cocina a dejar las cosas seguida de aquel hombre del pasado que irrumpía en su presente y no dejaba de mirarla, pasaron al salón a degustar una copa de vino, seguían charlando de cosas sin mucha importancia, llegó la hora de media noche y se dijeron Feliz Navidad, se abrazaron y cuando les tocó el turno, al abrazarse ella sintió calor al sentir aquellos brazos que la apretaron fuertemente, abrieron regalos, Doña Conchita le regaló una hermosa pluma de oro con su nombre gravado, POETIZA le había comprado en el pueblo un rebozo bordado a mano que sabia le gustaba por unas platicas que habían tenido días antes, media hora después Doña Conchita se despidió apenada, estaba cansada y se iba a dormir, la enfermera la acompañó y ellos quedaron solos. Estaban de pié frente al arbolito de Navidad, el la miraba, ella también, el le tomó la mano, se la besó con tanta ternura que ella suspiró, bajo la vista y fue hasta el sofá y se sentó pensativa, estaba nerviosa, se sentía acalorada, temblaba. El fué a sentarse con ella, conversaron, contaron lo que había pasado con sus vidas, POETIZA estaba muy triste, las Navidades la ponían sensible. El le ofreció otra copa de vino y ella aceptó, volvieron a brindar.
—Por este encuentro —dijo el.
—Por el amor —dijo ella.
—Yo vengo a quedarme a vivir aqui, mi madre me necesita, me he jubilado hace unos meses y aqui quiero descansar, POETIZA, desde que te vi hace años me gustaste y hasta pensé en alguna posibilidad contigo, pero no, no podía ser, después no te volví a ver, y ahora siento que hay una esperanza —dijo el tomando su mano, ella lo miraba pero no dijo nada, su corazón palpitaba, aquella ilusión volvía y la emocionaba, el la abrazó y la besó con ansiedad, ella correspondió a sus besos, su cuerpo temblaba y su alma gritaba, el le acarició con ternura la espalda y POETIZA se estremeció, un torbellino de sensaciones corrió por su espina dorsal, el se separó para mirarla.
—Pienso que el destino nos a juntado, que este era el momento para amarnos, te amo —le dijo el con emoción en la voz, ella no dijo nada porque sus ojos hablaban.
Subieron al departamento de POETIZA abrazados, ella encendió la luz y pasaron a la cama aun abrazados pero callados, mirándose a los ojos se desnudaron, abrazados y acariciándose cayeron al colchón besándose apasionadamente con ansias contenidas, ese hombre le encendía hasta el alma, hicieron el amor una y otra vez con desesperación. Pasaron la noche juntos haciendo el amor, muy de madrugada el se fue.
—Te amo POETIZA —le murmuró al oído, ella sonrió, se sentía feliz. Una nueva vida estaba por empezar.
Habían acordado no verse mucho esa semana previa a la fiesta de Noche Vieja, solo dos noches el subió y durmió con ella haciéndole el amor cada vez mas ardiente y alocado.
POETIZA estuvo escribiendo los días restantes, la novela ya casi estaba terminada. Se sentía libre y feliz, joven y enamorada.
El Año Nuevo lo pasaron juntos los 3, ella había bajado a reunirse con ellos, después de cenar pasaron a la sala a brindar, llegada la media noche después de desearse un Feliz Año Nuevo Doña Conchita sonrió al escuchar la noticia.
—Mamá, nos casamos el 6 de Enero —La señora estaba emocionada y feliz abrazaba a POETIZA mirando a su hijo.
—Será mi Regalo de Reyes —dijo Doña Conchita que después de un rato se fue a descansar dejándolos solos
—Eres lo mejor que me a pasado en la vida —le dijo el y se marcharon al departamento de POETIZA.
Desnudos bajo las sabanas se hacían caricias, la pasión los envolvió, el le hizo el amor tan intensamente que POETIZA lloró de placer.
Te amo, dijeron al mismo tiempo y los dos se rieron. Desde esa noche durmieron juntos jurándose amor eterno. Una nueva vida de amor empezaba para los dos.
POETIZA fué feliz.
FIN
Sandra Figueroa
Sueños de Poetiza
2022