SUEÑO-4
POETIZA estaba aburrida, triste y cansada, su casa era muy grande y ella estaba sola, una noche se le ocurrió un idea y la llevó a cabo, ya era hora de volver a vivir, vendió todo y en su camioneta echó lo necesario para sobrevivir en algún lugar, tomó carretera y en un Oxxo se abasteció de víveres y refrescos que tanto le gustaban y emprendió su marcha, eran las 4 de la tarde y cansada de manejar se detuvo en un pueblito a buscar un hotel donde pasar la noche, buscó pero no encontró, preguntó en una tienda donde podía quedarse y el joven dependiente al verla se puso pálido y con voz temblorosa dijo que no había, que ahí nadie se quedaba porque mataban gratis, no dejaba de mirarla y POETIZA sintió miedo.
Salió asustada pero una voz la detuvo, volteó, y unos ojos negros como la noche la miraban curiosos, su pelo negro brillaba con el sol que ya casi se ocultaba, sus labios carnosos y sensuales sonreían.
—Soy el dueño de esta tienda, le pido disculpas por lo que le dijo este muchacho malcriado, es mi hijo, pase por favor —ella pasó en silencio, no tenia voz, era muda después de ver ese cuerpo alto y atlético. Mirándola a los ojos el hombre continuó hablando amablemente.
—Es cierto que aquí no hay hotel señorita y no se crea lo que dijo este niño chiflado, si gusta puede pasar la noche en mi rancho, no esta muy lejos de aquí, hay varios cuartos solos, pongo uno a su disposición —ella seguía sin hablar mirándolo con la baba caída.
—¿Qué me dice Señorita? —Volvió a preguntar el ranchero.
El muchacho estaba al lado del hombre y la miraba asombrado con sus hermosos ojos verdes. POETIZA después de observarlo por fin pudo hablar.
—Gracias, voy de pasada y no quiero manejar de noche, si no es molestia acepto.
—Muy bien, sígame en su camioneta —le indicó y volteó para dirigirse al joven que estaba inmóvil a su lado.
—Cierras temprano y te vas al rancho muchachito —el joven asintió con la cabeza pero no dejaba de mirar a POETIZA que se sentía nerviosa por la forma en que el joven la miraba.
El rancho era grande, tenia una hermosa casa, el le contó que tenia corrales con vacas, chivas, caballos ,marranos, gallinas, gansos, patos, guajolotes, conejos, y tierras de labranza, al llegar a la espaciosa sala le indicó que lo siguiera por un hermoso pasillo decorado con espejos, le ofreció un cuarto donde ella ya a solas temblaba, ese hombre la perturbó tanto que no sabia que sentía, se bañó, se cambió y salió para cenar, el anfitrión la había invitado amablemente y ella aceptó, tenia hambre.
En la mesa los tres se miraban, el conversaba sobre sus animales, le gustaba la vida de rancho, ella contó que iba sin rumbo en busca de un lugar tranquilo donde vivir en paz, el joven estaba en silencio, la cena la hizo el anfitrión y a POETIZA le supo deliciosa, el muchacho no dejaba de mirarla pero no decía nada y no habló en toda la cena, se puso nerviosa, se levantó, se disculpó, y se retiró a su cuarto, mas tarde salió a la noche, había una luna hermosa en lo alto del cielo que le sonreía, se sentó en una piedra que encontró en el patio a observarla, a su espalda una voz la hizo tambalearse y caer al suelo pero unos fuertes brazos la levantaron y sus cuerpos quedaron tan cerca que podían besarse, su respiración era agitada, ese hombre la inquietaba.
—Discúlpeme, estaba absorta observando la luna, esta hermosa esta noche —El amablemente le dijo señalando hacia donde un árbol frondoso hacia sombra.
—Mas allá hay una banca donde podrá sentarse cómodamente —No quiero sombra sino luz de luna le dijo POETIZA y el sonrió.
Se sentaron en el suelo a ver la luna, el contó su vida, ella también, el estaba solo, su mujer había muerto al nacer su hijo y jamás se volvió a casar, ahí vivía desde siempre y ahí moriría le dijo con voz entrecortada.
—Mi hijo es todo lo que tengo, no he encontrado a una mujer que quiera compartir su vida con un amargado ranchero como yo —ella vió lagrimas en sus ojos y lo abrazó, se besaron a la luz de la luna y ese beso le supo a felicidad. Su cuerpo reaccionó al instante, ardía de pies a cabeza, el se levantó y le tendió la mano, fueron caminando hasta el árbol donde la luna no podía verlos, se sentaron en la banca, se acariciaron lentamente, POETIZA encendida sentía que estallaba, hicieron el amor, sus gemidos se perdieron en la noche, terminaron juntos temblando de placer a la sombra de aquel árbol, POETIZA temblaba de pies a cabeza, el suspiraba a su oído repitiendo su nombre. Todo era mágico pensaba POETIZA, se sintió querida, al fin había encontrado lo que necesitaba.
—Quédate, te necesito —le decía el ranchero, POETIZA no contestó, pensaba en la proposición de ese hombre que acababa de conocer esa misma tarde y en ese muchacho tan guapo. El volvió a repetir alisándole el cabello revuelto.
—POETIZA, vive conmigo —ella lo abrazó llena de ternura pero no contestó, pensaba como seria vivir en ese rancho, con ese hombre que le dió en unas horas toda la felicidad que no había tiendo nunca.
—Yo no se ordeñar vacas, las chivas son mañosas, no se montar a caballo y los marranos me dan miedo —le contestó y el sonrió abrazándola.
—En el rancho hay personas que se encargan de los animales, no tendrás que hacer eso, si acaso y si lo deseas, irías a recoger los huevos de las gallinas, las patas, las gansas, las guajolotas —POETIZA se estremeció cuando le mordió el lóbulo de la oreja izquierda.
—Todas ellas pican, creo que no sabría ser ranchera —el se puso triste, ella lo notó.
—Pero puedo cocinar esos huevos —se besaron y el la llevó a su recamara donde hicieron el amor en la bañera y después en la cama donde POETIZA pasó toda la noche.
A la mañana siguiente después de hacer el almuerzo y sentados a la mesa, aquel hombre de semblante feliz le dijo a su hijo que seguía mirando a POETIZA como si estuviera poseído.
—Hijo, POETIZA se quedará a vivir en el rancho —POETIZA temblaba de miedo al ver que el muchacho no le apartaba la miraba y la ponía nerviosa.
—Ya lo imaginaba, papá solo a amado a una mujer, mi madre, y usted se parece a ella —El muchacho sonrió, POETIZA sorprendida sintió un escalofrío recorrer su piel y aquel hombre tomó su mano y la besó.
—¿Cómo es eso? —Preguntó POETIZA sin entender, el muchacho se levantó y de un cajón sacó una fotografía que le mostró —POETIZA no lo podía creer, si, era ella cuando fué joven, se parecía a ella, era ella con otra ropa al lado de ese hombre que le robó el corazón y hasta hace unas horas le hizo el amor. Miró al hombre y vió en sus ojos amor, ternura y cariño, vió al joven que sonreía y le daba la mano sonriendo.
—Bienvenida al rancho POETIZA y gracias por hacer feliz a mi padre y discúlpeme por lo que le dije allá en la tienda.
—Cierto, te pareces a ella, pero mi petición de que te quedes con nosotros no es por el parecido sino porque me enamoré de ti en cuanto te vi —dijo aquel hombre de voz profunda y sensual que la miraba.
—Y yo también —dijo el joven emocionado, POETIZA no sabia que decir.
—Gracias por ese amor —y besó a ambos que sonrieron y luego el joven besó la foto de su madre y la llevó a su pecho.
POETIZA se quedó en el rancho, a ese hombre le dió todo su amor, el joven y ella se hicieron buenos amigos, pasaban las horas contando chistes, eran felices.
Un día pasó toda la tarde pensando en el parecido de la difunta con ella, veía sus fotos, ese día creyó en la reencarnación porque sin saber como empezó a ordeñar vacas, cosa que la difunta hacia.
Pasaron los meses, POETIZA estaba embarazada. Todos estaban felices.
—¡Tendré un hermanito! —decía el joven gritando y corriendo por todo el rancho asustando a los animales.
POETIZA fue feliz.
FIN
Sandra Figueroa
Sueños de Poetiza
2022