—¡Bienvenida a la vida POETIZA! —le dijo aquel hombre alto y elegante que la miraba con admiración y respeto.
—Gracias mi fiel amigo —respondió ella sin dejar de mirarlo, era muy alto, moreno y con algunas canas, tomó su brazo y salieron, un auto los esperaba, subieron las maletas y POETIZA sonriente se fue con el a su nuevo hogar. En el camino conversaban sobre el viaje.
—Me haces feliz POETIZA, no sabes cuanto, anoche no dormí, tenia temor de que al último momento te arrepintieras.
—Ya ves que no fue así, quiero volver a vivir —le dijo ella suspirando con esperanza.
La casa era preciosa, grande y elegante, tenia un jardín lleno de flores que un buen jardinero cuidaba, le contó el, la alberca no era muy grande pero invitaba a nadar en ella, mas allá vió un árbol grande y hermoso que no conocía, en un rincón una fuente cantaba saludándola, entró con el a la sala.
—Esta es tu casa POETIZA, dispón de ella como quieras, todos los días vienen dos muchachas a hacer el aseo, la cocinera se queda aquí, se va el viernes y vuelve el lunes temprano, el jardinero viene todos los días a cuidar del jardín y aveces es chofer también —le informó el hombre complacido.
—Gracias por informármelo, me pondré al día con todo —respondió ella emocionada.
—Gracias por aceptar POETIZA, no te arrepentirás, viviremos una vida nueva, de hoy en adelante tratemos de ser felices —la tomó de la mano enseñándole la casa por dentro y por fuera, caminaron por el jardín tomados de la mano y contando sus vidas pasadas, el tiempo pasó y ya eran las 7 de la tarde, entraron a la casa, ya era hora de cenar.
—POETIZA, desde hoy solo tenemos este presente, quiero hacerte feliz —y la tomó de la mano al pasar al comedor. Ella no dijo nada pero su corazón estaba eufórico. La cocinera preparó comida española para recibirla, a ella le gustó y al terminar de cenar se lo agradeció a la eficiente mujer que estaba emocionada con su acento regiomontano. Brindaron con un vino español en la sala sentados al calor de la chimenea, la noche estaba fresca.
—Por nosotros —dijo el mirándola tiernamente, ella contestó lo mismo y dejaron las copas en una mesita lateral de fina madera. El se acercó a ella un poco tímido, le tomó la mano, ella lo miró sin hablar, vió en sus ojos a un hombre cansado de sufrir.
—Es tarde POETIZA, vallamos a dormir —ella no dijo nada y lo siguió a la recamara, la cama estaba cubierta con un edredón blanco y en el centro del mismo una rosa roja, el la tomó.
—Para ti —le dijo depositándola en su mano.
—Gracias —dijo ella besando la flor.
La abrazó y la besó, ella correspondió a sus besos suaves y cálidos, ella probó en esos labios la calma que necesitaba su espíritu, el la acariciaba suavemente.
—Si no quieres, no hacemos el amor —dijo el separándose un poco de ella para ver sus ojos, ella bajó la vista.
—No se si te gustaré, ya no soy joven, mi cuerpo no es perfecto —dijo ella sin mirarlo, el la tomó por la barbilla haciendo que levantara la cabeza.
—POETIZA, siempre me has gustado, adoro ese corazón de poeta que tienes, bésame, dime con un beso que quieres estar conmigo esta noche o si lo dejamos para mañana, se que estas cansada del viaje—respondió el vehemente.
—¡No! ¡Hazme el amor! —exclamó ella abrazándolo.
Se besaron suavemente acariciándose, se desnudaron y se metieron a la cama, el le hizo el amor suave y largamente, POETIZA se estremecía con sus besos y caricias, gemía queriendo mas, saboreaba cada minuto de aquella sensación de felicidad que el le brindaba.
—Gracias POETIZA, eres muy tierna.
—Gracias a ti, me trataste como si fuera de cristal y temieras romperme —Se rieron.
—Para mi eres un delicado cristal —contestó el acariciando su cabello y suspirando. Se durmieron y a la mañana siguiente desayunaron muy contentos.
Una tarde que conversaban en la terraza le contó que cada primer Miércoles de cada mes saldría a reunirse con dos viejos amigos de la infancia, pero que siempre regresaría temprano para hacerle el amor, ella asintió sonriendo complacida.
Apenas llevaba dos meses ahí y ella se sentía muy tranquila, la cocinera le preparaba comidas deliciosas que temió engordar, se paseaba por el jardín admirando las flores, el pasaba largas horas en la biblioteca leyendo, aveces leían juntos en su recamara después de hacer el amor. El era un hombre cariñoso y tierno y ella se iba enamorando de el.
Pasan los meses, y una noche el no llegó de la reunión que tenia los Miércoles con sus amigos, eran las 2 de la mañana del Jueves y POETIZA en pijama lloraba sola en el balcón de su elegante recamara, era celosa y pensó que quizá estaba con otra mujer, que la engañaba y ya no la quería, se secó las lagrimas y fue hasta la cama y se recostó para seguir esperándolo.
POETIZA estaba enojada, el le había hablado de amor pero no de matrimonio y no llegaba, se puso triste y lloró pensando en que era mejor regresar a su tierra y olvidar que pudo ser feliz, iban a dar las 3 de la mañana y ella seguía rumiando su coraje cuando de pronto se abrió la puerta y el entró, tenia el rostro hinchado y una herida en la cien, ella al verlo se asustó y se arrepintió de lo que había pensado.
—¿Qué te pasó, porque llegas a esta hora? — y el se arrodilló al lado de la cama, tomó su mano y la besó.
—Perdóname, iba a darte una sorpresa este fin de semana y algunas cosas salieron mal.
—Cuéntame, que pasó, porque dices eso, no entiendo —dijo POETIZA confundida y asustada.
—Verás, con mis amigos fui a la ciudad vecina, compré una hermosa casa a orillas de la playa y organicé una fiesta privada solo para nosotros dos, pero ya de regreso un camión nos chocó el auto aventándonos a un barranco. Mis amigos murieron —y se le quebró la voz, sus ojos brillaron, bajó la cabeza, se veía destrozado.
—¡No, no puede ser! ¡Que terrible! Prosigue por favor —insistía POETIZA preocupada y se sentó en la cama, el se levantó y se acomodó junto a ella. Se veía muy mal y ella lo abrazó.
—Vengo del hospital solo para avisarte, cambiarme de ropa, y partiré de nuevo, debo estar con ellos todos estos momentos, eran mis amigos de años, tu lo sabes.
—Por supuesto, ve y no te preocupes por mi, estaré bien. ¿Estas bien? —preguntó al hombre abatido que a su lado luchaba porque no lo viera llorar.
—Si, solo son rasguños, tuve suerte, ellos no. Respecto al fin de semana, cancelé todo por los funerales, espero comprendas —le dijo mirándola con ternura.
—Claro, ve con ellos, y por favor, perdóname por pensar mal de ti —dijo POETIZA.
—¿Que? —preguntó el.
—Ya te contaré después, ahora ve con tus amigos —respondió ella ruborizada.
POETIZA lloró después de que el se bañó y ya vestido le dió un beso y salió apresurado a reunirse con sus amigos. Aquel hombre la quería, se durmió llorando ya casi al amanecer.
Por la tarde POETIZA estaba en la biblioteca cuando el regresó, era otro hombre, lo abrazó y el lloró en sus brazos, ella lo mecía llorando con el.
—¡Fue mi culpa POETIZA! —gritó el desesperado.
—¡No!, ¡No mi amor, no, tu no tienes culpa alguna, las cosas estaban destinadas a suceder, no por favor, no te culpes! —Le decía ella acariciándolo con ternura y siguió dándole ánimos hasta que se calmó, hizo que comiera algo y durmiera un rato, cuando despertó se prepararon para ir a la funeraria, el sacó de la cochera la camioneta y fueron a la capilla de velación, llegada la hora de partir hacia el cementerio se unieron al cortejo fúnebre a acompañar a sus amigos hasta su última morada.
Fueron momentos muy tristes, el lloró en los brazos de POETIZA que lo abrazaba con amor, se quedaron hasta el último acompañando a las familias, después salieron del cementerio de la mano.
De regreso a su casa el iba callado frente al volante, POETIZA sentía que algo había cambiado, aquel hombre ya no era el mismo, algo debía hacer para ayudarlo, se sentía culpable, el accidente pasó por ella, por hacerle realidad un sueño, quiso llorar pero se contuvo, debía ser fuerte, por el, por ese hombre que le robó el corazón.
Pasaron los días y el los pasaba callado y en la biblioteca, ella respetaba su dolor, entendía ese aislamiento, conversaban lo necesario y no le había hecho el amor, eso no le importaba, a ella le preocupaba y le dolía verlo pensativo, seguía tierno y cariñoso pero había cambiado.
Una noche fue a reunirse con el para decirle que era la hora de la cena.
—Adelántate mi amor, hago una llamada y me reúno contigo —le dijo el sin levantar la cabeza de los papeles que leía.
—Te espero —dijo ella y salió pensativa, el ya no sonreía como antes. POETIZA se puso triste mientras lo esperaba en el comedor. Durante la cena ella estuvo callada y sin mirarlo.
—POETIZA, este fin de semana nos vamos a la playa —ella lo miró sorprendida.
—¿Que? ¿Vamos de vacaciones? —si, dijo el y sonrió, ella también al verlo animado, que sonriera de nuevo la emocionó.
—Es hora de empezar nuestra nueva vida mi amor —dijo en un suspiro, ella sabia que si.
Esa noche en la cama, el la abrazó y lloró de nuevo por sus amigos, ella lo consolaba con caricias y besos suaves y tiernos. Se durmieron abrazados, no le hizo el amor pero a POETIZA ya no le importaba eso, solo deseaba verlo feliz, estaba sufriendo y eso la angustiaba.
—No lleves tantas cosas POETIZA, allá compraremos lo que te haga falta —le dijo el día siguiente al ver que ella preparaba las maletas, ella asintió con la cabeza. No le había dicho a donde irían, ni ella se lo preguntaba, era bueno que quisiera salir y ella estaba para complacerlo y ayudarlo.
El Viernes subieron las cosas a la camioneta y partieron rumbo a la playa, ella no sabia cual o donde pero no le importaba, iba junto a el con el corazón latiendo de amor, el puso música y empezó a cantar, POETIZA sonrió escuchándolo, todo estara bien, se dijo.
Después de unas horas de manejar, el detuvo la camioneta junto a una ladera del camino y le dijo que le mostraría algo, ella salió y no veía playa, tomados de la mano cruzaron la autopista y frente a ella apareció un enorme precipicio, lo miró y el le apretó la mano.
—Este es el lugar donde mis amigos murieron —POETIZA tembló al imaginar y lo abrazo.
—Estoy bien mi amor, gracias por estar conmigo, tenia que venir.
—Todo pasará, yo te ayudaré, no a olvidar pero si a superarlo —le dijo ella y el la besó como no lo había hecho después de lo sucedido y ella complacida le correspondió, los autos pasaban pero eso no les importaba, siguieron besándose.
Estaba anocheciendo cuando llegaron a su destino. El le tendió una llave a la emocionada POETIZA que no veía bien pero escuchaba como el mar la saludaba.
—Tu regalo POETIZA —ella sonreía, estaba emocionada.
Al entrar, las luces se encendieron dándoles la bienvenida un ama de llaves y un mozo, jóvenes los dos, había flores por todas partes y POETIZA lo abrazó dándole las gracias, era su sueño hecho realidad. Estaba feliz. El la besó y levantándola en vilo la llevó a la habitación y se besaron dando rienda suelta a la pasión contenida y sonriendo hicieron el amor suave y delicadamente que POETIZA lloró de felicidad en los fuertes brazos de aquel hombre que la acariciaba con ternura.
—Discúlpame por todos los días que no pude hacerte el amor —dijo el recostado en su pecho desnudo.
—No hay nada que disculpar, no era el momento —dijo POETIZA besando su cabello.
Un mes después de su llegada a ese maravilloso lugar y en un enorme balcón POETIZA se deleitaba con la brisa del mar cuando el llegó con dos copas de vino tinto y juntos brindaron por el amor.
—¡Solo tu eres y serás en mi vida POETIZA! —contestó el cuando ella le contó lo que había pensado aquella noche del accidente.
Pasaban los días frente al mar sonrientes y aveces pensativos, su amor era tranquilo y hermoso. Platicaban de lo sucedido tomados de la mano. La muerte de sus amigos le había afectado mucho pero POETIZA siempre lo animaba.
—Lo voy superando mi amor —le decía el acariciando su pelo.
POETIZA era feliz frente a ese mar de sus sueños, tenia lo que tanto había deseado, amor, paz y un hombre maravilloso que la complacía en todos los aspectos.
—¡Te quiero! —Le dijo POETIZA una tarde que sentados a la orilla de playa se besaban.
—Yo te quiero mas mi linda mexicana —le decía el tomando su mano para besarla.
Se casaron una noche en una ceremonia privada frente al mar, POETIZA estaba radiante de felicidad. Ya a solas y desnudos sobre la arena se besaron a la luz de la luna llenos de ilusión e hicieron el amor como dos adolescentes.
POETIZA fue feliz.
FIN
Sandra Figueroa
Sueños de Poetiza
2022