Escribo. ¿Para que o para quien?. No lo se.
No soy poetiza, ni pretendo serlo tampoco,
pero escribo. En mi mente voy escribiendo
la mas hermosa poesía de mi vida amargada,
pero solo la conoce mi cerebro soñador.
¿Que que es lo que escribo a solas?
Cosas inútiles, pensamientos tontos,
relatos de otras gentes, cosas vistas,
chismes que me han contado malas lenguas,
historias de amores imposibles, pasiones,
lujurias inventadas en la madrugada,
frases escritas que en momentos de soledad
me decidí a escribir para recordarlas.
Se que seré juzgada y criticada el día
que mis versos vean la luz y no me importa,
solo yo se la verdad, y ese secreto
lo llevaré a la tumba porque es mejor
que quien los lea saque sus conclusiones,
y si es mujer el lector piense que fue
escrito especialmente para ella.
¡Seré feliz si se identifican con mis escritos!
Escribo para mi, por mi sentimiento,
por la costumbre de soñar siempre.
Cosas inútiles, un poema no se come,
no hay que lavarlo ni tenderlo.
Que fastidio hacer la casa, la cena
y lo demás cuando no se tiene criada.
Escribo lo que sueño, lo que invento,
lo que me hubiese gustado sucediera,
lo que imaginé en horas de angustia,
lo que contaron mis amigas y vecinas
en confidencias intimas riendo o llorando.
Quizá lo que escribo lo borre el tiempo
y nadie lea lo que consideré poesía.
Quizá lo tiren a la basura o lo quemen,
tal vez los rompan y no me importa,
solo son tonterías de un alma cautiva
en este cuerpo mortal que un día
logrará liberarse y cantar su poesía
en la eternidad o el infierno,
o puede ser que vague errante
entre cada uno de mis versos tristes.
No lo se. Puede ser. Quizá. Escribo.
Sandra Figueroa
2005