SUEÑO-20
POETIZA estaba sola y muy triste, tenia que buscar un empleo lo antes posible, sus ahorros se terminaban y solo le quedaba para sobrevivir unos años mas, el auto lo vendió y le quedaba el departamento, tenia una cuenta de ahorros aparte para el asilo donde iría a pasar sus últimos días, pero mientras ese día llegaba tenia que pagar los servicios y no quería gastar lo que le quedaba si podía trabajar, era mejor para incrementar su cuenta de ahorros.
A la mañana siguiente salió del departamento en busca del diario local para ver que encontraba en los avisos de ocasión, cuando llegó se preparó el desayuno y empezó a leer, tomó direcciones de 3 empleos que le parecieron adecuados, POETIZA era secretaria, aunque hacia años que no trabajaba era eficiente y se pondría al corriente.
Salió del departamento y fué a visitar dos de los tres empleos pero no había vacantes, POETIZA estaba desilusionada, solo le faltaba el último, llegó cansada de caminar, se detuvo en la puerta sin atreverse a entrar, pensó que era mejor seguir como estaba y cuando se le terminara el dinero que tenia irse al asilo, aun no cumplía los 60 años pero no le faltaba mucho para ese día, pero ya estaba ahí, respiró hondo y abrió la puerta del edificio, había tres mujeres al frente de sus escritorios, levantaron la vista al verla, POETIZA se sintió mal, quizá iba mal vestida, pensó, y titubeó en seguir adelante o darse la media vuelta y salir huyendo pero no, las miró desafiante y caminó hacia una de ellas.
—Buenas tardes, ¿seria tan amable de decirme donde puedo encontrar al Director de esta empresa? —la joven era morena, alta y con unos enormes ojos negros bordeados de largas pestañas, era bonita y de un cuerpo bien formado, POETIZA pensó que iba al gimnasio porque su cuerpo era atlético, le sonrió esperando la respuesta.
—¿Tiene cita? —dijo la chica.
—Vengo por lo del anuncio del periódico —contestó POETIZA
—Pase con la señorita, ella le indicará si puede recibirla —le dijo la morena en tono frio sin dejar de mirarla mientras con un dedo le señalaba a una rubia de tentación que también la miraba, caminó hacia ella.
—Vengo por lo del anuncio del periódico —repitió, la chica tenia el pelo largo encaracolado, rubio y le caía a la espalda en cascada, su cuerpo era escultural, no era muy alta pero su cuerpo era exuberante, los botones de su blusa parecían querer saltar por lo ajustado, sus pechos pedían auxilio, necesitaban aire, sus caderas no cabían en la estrecha falda, la rubia le pidió que esperara y entró al despacho que estaba tras de ella, salió y le dijo que pasara, las muchachas se sonreían entre ellas.
—POETIZA entró al despacho y saludó a un señor de edad avanzada y muy tierno que le indicó se sentara con un ademan de mano.
—Me llamo POETIZA y vengo a solicitar el puesto de asistente que solicitan en el periódico, lo vi esta mañana espero aun esté vacante —le dijo a un sonriente Director de empresa.
—Si, POETIZA, aun está vacante. ¿Trae solicitud reciente? —le preguntó.
—No, se me pasó ese detalle, disculpe — POETIZA se puso triste y bajó la cabeza.
—No importa, el puesto es suyo, desde mañana puede empezar, le comunico que en unos días llega el dueño de esta cadena de tiendas a supervisar y escoger a una de mis secretarias para su asistente personal, pronto se retirará y desea dejarla al frente de sus negocios en Paris y a el le gustaría que fuera de aqui de Monterrey —POETIZA estaba feliz, había conseguido el trabajo y aunque le sorprendió lo que dijo el Director no le prestó atención porque de seguro escogería a una de las chicas ya que eran preciosas, una mas que la otra pero tenían su encanto.
—Gracias —El director le dió instrucciones y salió a reunirse con las chicas.
—Desde mañana trabajaré aqui, me han dicho que tu me enseñarás el edificio y me darás el uniforme —Le dijo a la rubia que la miró de arriba a abajo y le indicó que la siguiera.
POETIZA salió del edificio con un paquete que contenía su uniforme, iba muy emocionada por lo logrado. Llegó a su departamento, puso la alarma para el día siguiente, preparó la cena y se acostó temprano pero tardo en dormirse.
A las 6 de la mañana sonó la alarma, se levantó a bañarse y vestirse, tomó solo un vaso de leche y galletas de avena, no estaba acostumbrada a los desayunos tan temprano, se preparó un sándwich de jamón con queso amarillo, lo metió en un recipiente plástico junto con tres galletas de avena y tomó una botella con jugo de mango y todo lo metió en una pequeña bolsa de tela y salió apresurada pero feliz a su trabajo.
En la oficina ocupó su sitio, tenia que hacer varas llamadas a otras empresas para cobros y empezó su tarea, le dieron el área de cobranzas.
Pasaron los días, las chicas no se hacían muy amigas pero no la trataban mal, solo la hacían a un lado, quizá por su edad, aunque ellas no eran tan jóvenes.
Un jueves al llegar a su trabajo se encontró a las chicas muy serias en sus escritorios.
—POETIZA, ven un momento —le dijo la rubia y ella se encaminó hacia ella.
—Allá dentro esta el dueño de la empresa, me lo a dicho hoy el Sr Director, desde hace unos días que está aqui, nos a estado observando por la cámara de seguridad, nadie sabíamos, te lo informo para que no saques tu sándwich de jamón a media tarde —le dijo y sonrió burlona, ellas acostumbraban salir a un restaurant a comer mientras ella se quedaba a adelantar trabajo mientras comía su sándwich, se sintió triste y se fué a su lugar, pasaron las horas y POETIZA hizo su trabajo como siempre mientras veía como la rubia cruzaba la pierna y se desabrochaba dos botones de su blusa y coqueta miraba la cámara, lo mismo las otras chicas, todas le estaban coqueteando a quien sabían las observaba, a ella no le importó y siguió con su trabajo. A la hora de comer sacó su sándwich, las chicas la miraron y se carcajearon de risa y salieron al restaurant moviendo las caderas. POETIZA terminó de comer y siguió trabajando y así la encontraron las chicas cuando volvieron. Justo a la hora de salida el Director les ordenó se reunieran en la sala de juntas. Las chicas se fueron al tocador a retocarse el maquillaje, POETIZA se quedó en su escritorio pensando en lo hermoso que era poder levantarse cada mañana y ver el sol salir y sentir su caricia.
—Ni creas que te escogerá a ti, mírate, estas vieja y sin atributos físicos, a los hombres les gustan seguras y hermosas, de buen cuerpo y tu no tienes nada de eso —le dijo la rubia con malicia, las otras chicas se rieron, POETIZA quiso llorar pero se contuvo, nunca pensó en ser elegida.
Cuando entraron a la sala de juntas, una gran mesa estaba al centro con 6 copas de agua fría, el director les mostró sus lugares y se sentaron, las chicas seguían coqueteando, POETIZA por su parte pensaba en lo deliciosa que se veía el agua y tenia sed, alargó la mano para tomar su copa pero la retiró al escuchar abrirse la puerta y un hombre elegantemente vestido de traje y corbata, alto y bien parecido entró, sus ojos azules recorrían la mesa mirándolas una a una, POETIZA quedó atrapada en ese mirar.
—Buenas tardes señoritas, las he observado y he elegido, les pasaré un portafolio donde encontrarán instrucciones de su nuevo cargo dentro de esta y otras empresas si así lo desean, la elegida por mi encontrará una sorpresa —dijo aquella voz profunda y sensual que acariciaba.
—¿Podemos abrirlo? —preguntó la rubia y aquel hombre de mirada profunda dijo que si. Todas abrieron su portafolio, POETIZA no pudo contener una exclamación al abrir el suyo, una hermosa rosa roja apareció ante sus ojos, tan bella que la tomó y la llevó a sus labios dándole un beso con ternura retirándola de inmediato, las chicas voltearon a verse unas con otras sorprendidas.
—No entiendo —dijo POETIZA a aquel hombre guapo y detallista que ya descorchaba una botella de vino.
—Es momento de brindar —dijo sin contestar a POETIZA que lo miraba confundida y asustada a la vez. El director trajo las copas y vertió el vino, luego entregó una a cada una de las presentes.
—Brindemos, por un futuro mejor —dijo aquel hombre y se llevó la copa a los labios sin dejar de mirarlas una a una y deteniendo sus ojos en POETIZA que se estremeció asustada.
—Salud —dijeron todos, menos ella.
—Pasemos al jardín de la parte trasera del edificio, hay una deliciosa carne asada que nos espera —les dijo un rato después y las chicas se pusieron de pie menos POETIZA, pero al fin se levantó al ver que todas las miradas estaban puestas en ella.
—Lo siento pero debo irme, no puedo acompañarles porque es tarde y vivo lejos, no me gusta andar sola de noche —dijo al hombre que la miraba fijamente.
—Yo te llevaré hasta tu domicilio POETIZA, acompáñanos un rato —le contestó y ella dijo que no pero al ver las sonrisas maliciosas de las chicas aceptó.
Cuando entraban en el jardín un delicioso aroma la saludó, la carne en el asador esperaba. Cenaron, y charlaron las chicas coquetas, ella estaba en silencio. A las 10 de la noche empezaron a despedirse, POETIZA al lado de aquel hombre caminaba al estacionamiento donde los esperaba un elegante auto deportivo, no hablaron durante el trayecto a su departamento que duro 5 minutos.
—¿Por qué me dijiste que vivías lejos POETIZA? —dijo el al estacionar el auto frente al edificio de departamentos donde ella vivía.
—Para mi es lejos, camino a pie todos los días de ida y vuelta al trabajo —Lo miró a los ojos y se arrepintió, el la miraba con un brillo extraño en la mirada que la hizo estremecer de pies a cabeza.
—Señor, disculpe pero no entiendo su elección. ¿Podría explicarme? —Preguntó ella aun perdida en su mirar.
—POETIZA, si deseas, será un placer que me acompañes a Paris y por favor tutéame, me haces sentir un anciano —dijo sonriente y sin dejar de mirarla.
—Señor, digo, pensé que escogerías a una de mis compañeras, son tan hermosas todas y tan inteligentes y eficientes —dijo ella nerviosa pero sincera.
—POETIZA, tu eres la elegida, desde que te vi supe que eras la mujer que yo necesito —ella bajó la cabeza.
—Soy vieja, no tengo atributos físicos, a tu lado me sentiré incomoda, creo no encajar en tu mundo, soy sencilla y pobre —dijo ella sinceramente sin levantar la cabeza.
—POETIZA, mírame —ella lo miró y en sus ojos se vió en sus brazos bailando bajo la Torre Eiffel.
—¿POETIZA? —repitió y aquella visión se desvaneció.
—Eres hermosa para mi, justo la mujer que deseo sea mi compañera, si aceptas y lo deseas me harás feliz —La miró y dos lagrimas rodaron por las ardientes mejillas de POETIZA y rapidamente bajó del auto y aquel hombre confuso salió corriendo y la atrapó en sus brazos mientras la acunaba contra su pecho palpitante.
—Por favor vete, vete —dijo ella sollozando y soltándose de su abrazo.
—No, no sin antes me expliques que te pasa, no te voy a dejar en este estado, estas nerviosa y no se porqué —dijo el autoritario a su lado.
—Lo que propones es hermoso pero no puedo aceptar, dentro de poco tiempo cumpliré 60 años y ya tengo decidido ir a un asilo aqui en Monterrey, si me voy a tierras extrañas no se que puede pasar allá, estoy sola —dijo POETIZA y el la tomó por la barbilla y le habló con voz tierna.
—Serán solo dos o tres meses, piénsalo POETIZA, el Sábado debemos estar en Paris —se despidió, parecía tener prisa, pensó ella que lo vió partir suspirando.
Al día siguiente POETIZA se presentó a su trabajo puntual como todos los días, las chicas la miraban de vez en cuando, se secreteaban y sonreían, ella estaba confusa, el Director salió y la llamó a su despacho, al entrar ahí estaba el, tan guapo y elegante, se saludaron y ella se sentó en la silla que le ofrecía.
—Si me disculpan iré por una taza de café —dijo el Director y salió guiñándole un ojo a POETIZA que se ruborizó. El se sentó a su lado.
—POETIZA, no he dormido en toda la noche por estar pensando en ti —dijo aquel hombre y ella lo miró, se veía trasnochado, cierto, no había dormido bien.
—Pero, bueno, no se, ¿Fué porque no me decido a aceptar? —preguntó ella.
—Si, entre otras cosas —dijo el y ella se sonrojó y bajó la cabeza.
—Lo siento, yo, es que, me da miedo el avión, nunca he viajado en uno, además, no se francés y no se donde voy a vivir allá ni que haré con mi departamento —dijo ella mirándolo a la cara.
—Eso no es problema, tu departamento se puede quedar cerrado, además podrás venir e ir cuando quieras y allá vivirás en mi casa, es lo mejor porque los primeros días tendremos que viajar mucho —dijo el mirándola mientras sonreía al ver la expresión de POETIZA.
—¿En tu casa? Ah, bueno, es que yo pensé..., ¿Solo serán dos o tres meses verdad? —dijo ella titubeando.
—El tiempo que tu desees POETIZA, yo encantado si te quedas conmigo —ella lo miró, no podía creer lo que decía, o entendió mal, iba en plan de trabajo no de paseo o como su amante.
—POETIZA, tengo 62 años y quiero volver a vivir, quiero que viajes conmigo, dos meses, dos años, lo que quieras —le dijo el divertido.
—No entiendo eso de quedarme contigo, estoy confundida, voy a trabajar unos meses no a vivir una aventura con alguien que acabo de conocer —dijo POETIZA agachando la cabeza avergonzada.
El se levantó despacio, POETIZA aspiró el aroma de su loción al sentirlo tan cerca, levantó la cabeza y se encontró con aquellos ojos azul profundo y sin pensar se zambulló en ellos, el la levantó de la silla, POETIZA ya no pensaba, se estaba ahogando en esa profundidad, el la tomó en sus brazos besándola con ardor, sus besos experimentados despertaron en ella a la mujer que dormía resignada en el fondo de su ser, le correspondía con tal frenesí que el se exitó de inmediato y la levantó en brazos llevándola al escritorio pero en eso tocaron a la puerta, el la bajó al piso, ella se hizo a un lado alisándose la falda y el pelo, se sentó de prisa mientras el se acomodaba la corbata diciendo pase y fue a sentarse a un lado de ella que temblaba de pies a cabeza.
—Disculpen —dijo el Director que traía una taza de humeante café en la mano mirando de uno a la otra con una sonrisa en los ojos. POETIZA se despidió y salió lo mas rápido que pudo, ardía de placer y vergüenza.
A la hora de comer el salió y se sentó frente al escritorio de POETIZA —Tenemos que hablar, mañana es sábado y debemos partir. ¿Siempre si?
—Si, no tengo mucho que llevar —dijo ella extasiada con su mirar y el rostro de aquel hombre se transformó, todo en el sonreía.
—Gracias POETIZA, paso por ti a medio día para volar juntos —le dijo mirándola a los ojos mientras mordía la mitad del sándwich de jamón que POETIZA le había ofrecido.
El Sábado tomaron un avión a Paris, POETIZA iba tensa a su lado pero al cabo de un rato se relajó, el le contó trozos de su vida y así pasaban las horas a su vez ella le contó su vida entre una que otra lagrima que el secó con un beso y ella se sorprendió. POETIZA se durmió en su hombro.
Cuando llegaron a su destino el la llevó a una elegante mansión, por un gran ventanal POETIZA veía la torre Eiffel cuando el llegó con dos copas de vino.
POETIZA, se que también sientes lo mismo que yo, quédate conmigo para siempre —le dijo y ella no dijo nada, solo lo miró suspirando, brindaron y dejando las copas a un lado la abrazó con ternura y la besó suavemente primero, luego de unos momentos todo se incendió, sus cuerpos eran brazas, tumbados en la alfombra hicieron el amor como si fuera a acabarse el mundo, su respiración agitada avivaba mas el fuego que ardía, llamas de pasión incendiaban el corazón de POETIZA que se sentía plena en brazos de aquel hombre que la devolvió a la vida.
—Gracias —dijo ella junto a su pecho.
—Gracias a ti mi amor —dijo el.
POETIZA se quedó en Paris al lado de aquel maravilloso hombre que cada vez que le hacia el amor renacía, el se encargó de vender su departamento en Monterrey y la llevó a conocer el mundo.
POETIZA fue feliz.
FIN
Sandra Figueroa
Sueños de Poetiza
2022