Fueron tantas las tardes de amor
que bajo aquel árbol me regalaste
con la intensión de enredarme
y lo lograste y después te fuiste
y tristemente acepto resignada
la realidad de esta historia.
Fueron tantas las tardes de canciones
y poemas que recitabas al oído
tratando de despertar en mi ser
la posibilidad de casamiento.
Fueron tantos los versos que escribiste
en mi libro vacío de ternuras
que lo llenaste de cariño y alivio
poniendo énfasis en algunos puntos.
Fueron tantos los te quiero que dijiste
en cada cita de soledad en un camión
que terminé por aceptar tu propuesta
y te di mi alma sin poner condición.
Fue tanto lo que me diste en versos
que se cubrió mi alma de ilusión
y la dejé abierta para que entraras
y pudieras darme lo que recitabas.
Fueron tantos los plantones que me hiciste
que ignoré pensando que sufrías
y sin saber que con otra jugabas al amor
te esperaba bajo el árbol enamorada.
Fue tanta la ternura disfrazada de miel
que a través de la ausencia sentí sincera
y leí tus versos llenos de amor sincero
y de rodillas te supliqué que me quisieras
y desde ese instante enloquecí de amor.
Fue tanto lo que pasó al encontrarnos
que enganchada de dolor, pudiendo soltarme,
por algo misterioso decidiera seguir amarrada
del mismo hilo invisible que me mata.
Fueron tantos los inviernos y primaveras
que pasamos formando esta triste historia
que a pesar de los años aun no termina
pero el hilo tendrá que romperse un día.
Fue tanta la realidad y la fantasía que existió
desde el primer momento que nuestros caminos
se cruzaron para dar inicio a esta historia
hasta este momento en que escribo estos versos,
porque aun siento tu presencia invisible
y creo en mi corazón que un día vendrás.
Fue tanto lo que unió nuestras vidas solitarias
que tristemente acepto, poniendo fin a estos versos,
la realidad de esta historia que hoy termina.
Sandra Figueroa
2004