
Hoy he soñado contigo, el lugar no se donde era pero había una mesa, cuatro sillas, en una de ellas sentado estaba alguien que no supe quien era, enfrente de aquel lugar una plaza, gente sentada y caminado, creo que era como un restaurante, yo saludé al de la mesa con un beso en la mejilla, de pronto te vi, caminabas hacia mi, te acercaste y junto a mi dijiste: a mi me lo das en la boca, me tomaste por sorpresa y con ansia loca tu boca se juntó a la mía con frenesí, me besaste con pasión y con urgencia tu lengua me acarició ardientemente hasta quemar mi garganta, tu cuerpo y mi cuerpo temblaban, me abrazabas con fuerza, me apretabas hasta hacerme daño, tu masculinidad me asustaba, temblabas, suspirabas, me besabas, me acariciabas, y yo como una hoja también me sacudía junto a ti, algo me susurrabas al oído, algo que no alcancé a escuchar bien pues te miraba, te besaba, te acariciaba, te abrazaba, y los dos nos fundimos en aquel beso tan febril que parecía no tener fin, con lentitud nos fuimos separando solo unos centímetros, nos seguimos mirando, besando, acariciando, y tomados de la mano y sin dejar de mirarnos entramos en aquel lugar que parecía una cocina, ahí de nuevo me besaste, me mordiste el lóbulo de la oreja, el cuello, la espalda, me tomabas de la cintura apretándome con tal fuerza que me faltaba la respiración, me besaste, nos besamos, de nuevo tu lengua quemaba la garganta mía, las rodillas me temblaban, sentía desfallecer.
De pronto desperté y entre sollozos tu nombre repetí: Hernán, Hernán, Hernán, y con mas fuerza lloré al pensar que esto fue solo un sueño que jamás se realizará.
(Soñando con Hernán el de Los Tigres del Norte)
Sandra Figueroa
1993