POETIZA iba caminando a su casa, eran las 2 de la tarde, cansada y sudando bajo el ardiente sol de Julio, necesitaba descansar un poco para luego continuar, no quería llegar tarde, en ese rumbo había un parquecito y ahí se dirigió, se sentó en una banca bajo un alto Álamo Chopo, levantó la vista hacia el árbol donde hacían ruido dos tortolitas acaloradas como ella y les sonrió, de pronto un resplandor la hizo bajar la vista y frente a ella, un hombre le tendió la mano diciéndole ven conmigo, POETIZA tomó su mano mirándolo sin poder articular palabra, quedó muda del asombro ante tal belleza de hombre que no parecía de este mundo, tenia unos ojos de un azul extraño que invitaban a entrar en ellos y ahogarse en esas profundidades, pestañas rubias como su pelo que brillaba con el sol, una boca sensual y deliciosa que invitaba al beso, y un cuerpo extremadamente bien formado, sus manos grandes y suaves, vestía un ceñido overol de color plateado, todo giraba a su alrededor, sintió caerse pero unos fuertes brazos la sujetaron, los confortables brazos de aquel hombre que sonreía sin quitarle la vista, ella sintió una fuerte sacudida, como si todo su cuerpo fuera arrojado a un pozo sin fondo, pero no caía, subía, ya no sentía el piso, ya no pudo mas y se desmayó.
Al despertar todo era confuso, no sabia donde estaba, todo era raro, estaba acostada sobre una cama, estaba amarrada, eso creía porque no podía moverse, sintió dolor al tratar de liberar una mano que le ardía como si la tuviera quemada, su agitación fue mayor al sentir un sofocante calor en todo su cuerpo, quiso gritar, pedir ayuda pero no podía hablar, las lagrimas brotaron, de pronto a su lado estaba aquel hombre extraño y hermoso que la miraba sonriendo sosteniéndole la mirada, vió sus profundos ojos azules y supo que no debía tener miedo, que todo estaría bien, se tranquilizó pero su corazón seguía latiendo desbocado, el accionó un botón del extraño aparato que tenia en la muñeca de su mano izquierda y se abrieron los grilletes que la tenían presa, se levantó quedando frente a el y sintió su corazón detenerse, para dar un vuelco y después volver a latir pausadamente, sonriéndole aquel hombre dijo ven conmigo, y POETIZA tomó su mano y volteó para todos lados, lo que vió la asustó, estaba en un pequeño cubículo donde solo había esa cama donde estuvo presa y enfrente una puerta de hierro que el abrió con ese aparato extraño que traía en la muñeca, la condujo hacia afuera donde unos hombres vestidos con batas plateadas le sonrieron inclinándose, ella no podía hablar todavía, solo miraba a ese hombre guapo que le acariciaba la mano que no le soltaba y sonriendo dijo de nuevo ven conmigo, y POETIZA caminó junto a el, al hacerlo vió una cabina de mando como las de los aviones y sintió pánico, quiso gritar pero no pudo y al mirar al hombre que le sonreía sintió alivio, ya no tenia miedo, sentía curiosidad, se sentía ligera, caminaba como flotando al lado de tan hermoso hombre que le dijo señalando otra puerta de hierro.
—Abriré esa puerta y podrás hablar, contestaré tus preguntas pero antes tendrás que saludar a quienes te están esperando, si no lo haces regresarás a tu planeta y todo esto no lo recordarás —ella asintió con la cabeza, todo era fantástico, se sentía feliz, la puerta se abrió y caminó con el a su lado.
Al traspasar el umbral sintió marearse, todo estaba a oscuras, no veía casi nada, pero el la llevaba de la mano, a medida que bajaban unos escalones todo se fué aclarando aunque seguía estando oscuro a su al derredor y vió con sorpresa una multitud de gente con batas color plata, que agitaban su mano saludándola, ella levantó la mano y los saludó.
—¡Bienvenida a su Planeta hermosa POETIZA! —cuando todos ellos gritaban su emoción fué tan fuerte que casi le da un infarto y solo pudo decir gracias y sintió desfallecer, volteó hacia el hombre que la miraba y la tenia abrazada, sintió su calor, en sus hermosos ojos azules vió agradecimiento y amor.
Aquel hombre la llevó de la mano hacia un lugar donde todo era de cristal, afuera todo era oscuridad pero dentro había luz, una luz diferente a la que conocía pero podía ver, el la abrazó sonriendo y le dijo:
—Pregunta lo que quieras mi bella POETIZA, bienvenida a tu nuevo Planeta —Ella lo miraba, tenia mil preguntas que hacerle pero solo se le ocurrió una.
—¿Quién eres? — el le tomó la mano y la besó tiernamente.
—Te he buscado por todo el universo y al fin te encontré en la Tierra, yo soy ese amor que esperabas y que tanto has buscado —POETIZA sonrió, el la besó, ella se abandonó en sus brazos en ese nuevo mundo donde ahora era feliz, entre esos brazos ella conocía la verdadera felicidad, ahora era reyna en otro planeta, no sabia si estaba soñando o había muerto, no le importaba.
POETIZA por fin encontró el amor en otro planeta.
POETIZA fué feliz.