SUEÑO-14
POETIZA estaba sola, el tiempo pasaba y ella seguía sumida en la depresión, aveces pensaba en vivir otra vida lejos, muy lejos, pero no se animaba a soñarlo. Una tarde mientras leía un libro en la terraza se acordó que tenia que ir a la estética a cortarse el pelo porque le gustaba corto y ya había crecido y de compras a Soriana, también al cajero automático porque a ella le gustaba traer efectivo en su bolso.
El lunes por la mañana se levantó temprano y después de desayunar tomó su bolso y se fue a hacer lo que tenia planeado para ese día, al salir del supermercado venia distraída empujando con una mano el carrito de sus compras y con la otra viendo en el celular la hora, cuando por poco atropella a un hombre.
—¡Fíjese por donde va señora!
—¡Discúlpeme! —dijo ella, y en ese instante se miraron, aquellos ojos negros le sonreían, lo reconoció.
—¡Que gusto volver a verte! —dijo emocionado aquel hombre que la miraba tendiéndole la mano.
—Discúlpame, iba distraída —le dijo recordando aquella noche de luna llena cuando nació una ilusión.
—Me di cuenta —dijo el sonriendo ofreciéndole su ayuda y ella también sonrió.
—Si, Gracias —fueron al auto y metió sus cosas a la cajuela.
—Te invito a comer —dijo el mirando su reloj y ella aceptó.
Fueron a Gorditas Doña Tota, hicieron su pedido y mientras comían platicaban de su vida, de su pasado.
—Me casé joven y me divorcie a los 5 años, mi mujer me engañó, tuve dos hijos, el primero no es mío pero lo quiero como si lo fuera, ella se fue a Roma con mis hijos, les di todo lo que necesitaron, ya tienen hijos que no conozco, nunca vinieron a verme, les heredé empresas a cada uno y tienen su futuro asegurado, he pasado estos años borracho, de mujer en mujer, hasta que me di cuenta que no soy feliz, que ellas solo me buscaban por mi tarjeta de crédito, lo dejé todo, ahora quiero vivir una nueva vida lejos de aquí. Tengo 60 años, estoy viejo, cansado y enfermo del corazón, no grave, pero si quiero vivir unos años mas debo cuidarme —y muy triste le dijo que se tenia que retirar porque tenia una cita con el medico pero que la invitaba a cenar el Sábado.
—Gracias, pero ya no salgo a ninguna parte, no tengo ganas de nada, desperdicio mi vida sobreviviendo día a día, leo, escribo y duermo esperando solo la muerte. —Contestó ella suspirando. El le tomó la mano y la besó mirándola triste.
—Acepta POETIZA, necesito alguien con quien platicar. ¡Me ahogo en esta fría soledad! —Lo dijo con tal intensidad que ella mirándolo sintió que ese hombre la necesitaba y aceptó. Acordaron la hora en que el pasaría por ella, se despidió y se fue a su cita medica.
POETIZA en su recamara pensaba en aquel hombre con el cual se cruzó. Fue casualidad o destino, pero lo volvió a ver con ojos de ilusión. Tomó un libro de poesía pero no podía concentrarse en la lectura.
El Sábado despertó tarde con dolor de cabeza, había llorado toda la noche por lo perdido, ya eran las 2 de la tarde y el vendría a las 7, fue a buscar lo que se pondría para esa noche, hacia tanto que no salía que no tenia que ponerse, pero algo encontraría, se dijo, y buscando entre sus cosas encontró un vestido que le gustó. Pasadas las horas ella seguía con dolor de cabeza y fue por una aspirina, no le gustaba tomar medicamentos pero aveces era necesario.
A la hora apropiada se preparó para su encuentro con aquel hombre que la inquietaba, se bañó y se vistió con su vestido blanco con pequeñas flores rojas y unas sandalias rojas de tacón bajo, ya no estaba ella para tacones altos, hace días que le dolía una pierna, se perfumó y alisó el cabello, ella no era de las que pasan horas en su arreglo, era una mujer sencilla, cuando el llegó, tomó su bolso, salió y cerro la casa, el le abrió la puerta del auto y partieron.
En el auto platicaron muy poco, el contestó varias llamadas y ella veía la ciudad. La llevó a un restaurant de mariscos al sur de Monterrey, su mesa estaba en la terraza al aire libre y no había gente ahí, ordenaron y el pidió un wiski ella una coca cola light. Platicaban mientras cenaban.
—Gracias por acompañarme, lo necesitaba, al igual que tu no he salido mucho últimamente — ella seguía viéndolo triste, algo le pasaba. Siguieron platicando, ya habían terminado de cenar y ella contó algo mas de su vida.
—Asi que tienes un sueño POETIZA, cuéntamelo —le animó el a proseguir.
—Ya no, ese sueño es pasado, ya no quiero nada, no podría realizarlo, no tengo los medios necesarios, aveces lo que deseo es una nueva vida —terminó ella.
—Cuéntamelo, a lo mejor yo puedo hacer realidad tu sueño —ella sonrió, su voz parecía de terciopelo y le acarició el alma cuando lo dijo.
—Bien, pero no creo, no aceptaría ayuda porque ya no lo deseo, pero bueno, te cuento, hace muchos años vi una película con Antony Quinn, se llamaba Sorba el Griego y me enamoré de Santorini, quiero conocer las islas Griegas. ¿Ves que es un sueño inalcanzable? —le dijo ella suspirando al recordar la película, el sonreía mirándola fascinado.
—POETIZA, ¿crees en el destino?—le preguntó el y ella respondió que si.
—Te voy a contar algo y no me lo vas a creer, pero es cierto —ella lo miraba con atención.
—En Santorini tengo una villa donde iré a pasar mis últimos días, no he ido hace años pero está bien cuidada, se encuentra en la ciudad de OIA —le dijo a una sorprendida POETIZA que lo miraba sin creer, no puede ser, se decía ella una y otra vez mirándolo, el sonreía, se veía tan guapo y su corazón latió con fuerza asustándola.
—¿Ves? El destino quiso que nos encontráramos para hacer realidad tu sueño y de paso me da a mi una oportunidad de vivir —POETIZA pensaba que estaba soñando.
—No se que decir —dijo ella emocionada y el le tomó la mano acariciándola ente las suyas.
—Te invito a Santorini.
—¡No! ¡Por favor no digas eso que estoy al borde de un infarto! —dijo POETIZA y el se rió.
—Para mi seria maravilloso que aceptaras, me harías feliz —le dijo y se llevó su mano a los labios y la besó tiernamente.
—No puedo, había desechado ese sueño, pero eso no evita que me emocione —dijo ella muy seria.
—Pues vive ese sueño POETIZA, yo te invito a ir a conocer Santorini —Su corazón latía apresurado y una vocecita interior le decía que aceptara, pero no, ella no buscaba aventuras.
—No se, tengo que pensarlo ¿Y en calidad de que iría contigo a ese viaje? Contéstame con la verdad —dijo mirándolo a los ojos.
—Me gustas desde que te vi por primera vez, la noche que dijiste que veías la luna me enamoré de ti, comprendí que no podía ser, tenias un compromiso y yo, yo era un mujeriego, eres una mujer especial para mi, nunca había sentido ese amor puro y sincero que hiciste nacer en mi corazón, luego el destino se impuso y no te volví a ver, y desde esa noche de luna mi vida cambió, no soy el mismo, y ahora que me voy a Grecia te encuentro —POETIZA estaba asombrada con su confesión.
—Entonces quieres que sea tu amante o que —le dijo ella confundida. El sonrió.
—Lo que tu quieras, ya no somos jóvenes y el tiempo va de prisa, vivamos este sueño los dos —le dijo con vehemencia.
—No lo puedo creer, todavía pienso que es un sueño, no, llévame a casa, me siento mal —dijo ella que de pronto sintió un terrible dolor de cabeza, el ya no sonreía y la miraba triste.
—Tu mandas mi reyna —se retiraron del lugar, ella en el camino pensó que tenia razón, la vida va de prisa y pronto se acaba. Decídete pronto POETIZA le decía aquella vocecita en su interior.
—¡Acepto! —le dijo ella al despedirse y el se llevó la mano al pecho, un dolor hizo que se doblara un poco
—Vengo mañana para ultimar detalles —le besó la mano y se fue sin decir mas nada.
Ella en su habitación, pensaba que era hora de vivir de nuevo, que un sueño la esperaba en Santorini y se durmió sonriendo.
Al otro día muy temprano llegó el con dos abogados que se encargarían de vender la casa y el auto. Se irían el Viernes por la mañana a Grecia. Tenia 4 días para empacar algunas cosas y hacer sus maletas.
El Viernes en el avión POETIZA aun no lo podía creer, iba al lado de una ilusión del pasado a vivirla en el presente, iba a ciegas sin saber que encontraría, ella tembló de emoción y el la abrazó, sentía frio pero no sabia porque, el la recostó en su hombro y ella se acurrucó junto a el y se durmió.
Cuando aterrizaron partieron hacia nueva vida, ella veía las casitas blancas con sus cúpulas azules de Santorini por la ventanilla de la lujosa limusina que los transportaba hacia OIA, iba callada, el hacia llamadas telefónicas a sus abogados y a los administradores de la villa, llegaron y POETIZA quedó deslumbrada ante tanto lujo.
—Pasa mi reyna —le dijo el. Le presentó al personal y le dijo que fuera a refrescarse un poco y que bajara dentro de una hora al salón para mostrarle la villa, mientras el estaría en la biblioteca haciendo unas llamadas telefónicas.
Una linda muchacha la escoltó hasta la que seria su recamara y le ayudó a desempacar mientras ella se duchaba, la ayudó a vestirse y la llevó al salón pero el no estaba y se sentó a esperarlo, estaba nerviosa. Pasó media hora y el llegó, estaba guapísimo, sus ojos brillaban. Fueron a recorrer la villa que era inmensa y hermosa.
—Esta Villa era de mi abuelo, el era griego, mi abuela española, a ella nunca le gustó Santorini, murió mi abuelo joven y solo tuvieron una hija, mi madre, que nació aqui en esta villa, mi abuela se fué a vivir a España cuando mi madre tenia 10 años, ahí conoció a un mexicano y se casó con el, se fueron a vivir a Monterrey, mi madre se casó tiempo después con un regio y nací yo, el tiempo pasó y murieron mi abuela y mi madre y heredé todo, soy millonario POETIZA, pero no tengo salud —le dijo tristemente mientras la llevaba abrazada. POETIZA pensaba que ese hombre había sufrido mucho, que necesitaba cariño y ella tenia mucho amor para dar.
Por la tarde fueron a la playa y a recorrer el pueblo, POETIZA estaba feliz, iba de su brazo, se sentía soñada. Comieron en un pequeño restaurant solitario y mas tarde fueron en un velero a navegar por el mar Egeo, su pelo flotaba con el viento.
Por la noche después de cenar, tomaban una copa de vino griego en el balcón de su habitación, POETIZA de frente al mar suspiraba, su vestido flotaba con el viento, el la abrazó y le besó el lóbulo de la oreja, se estremeció, estaba feliz ante ese mar de sus sueños, le besó el cuello que palpitaba y ella gimió, la besó tiernamente, ella tímidamente le correspondió sintiendo su alma florecer e hicieron el amor apasionadamente.