Los perros aullaban asustados,
la luna se escondía tras las nubes,
un gato salió corriendo, gimiendo,
cuando una puerta se abrió de golpe
saliendo de ella un hombre alto,
musculoso y bien parecido
con un puñal de oro enterrado,
caminó unos pasos tropezándose
y cayó a tierra moribundo
ante sus fieles guardianes
que seguían aullando de dolor
corriendo de un lado a otro,
buscando, pidiendo ayuda
que no llegaría pronto
hasta tan apartado lugar
del pueblo mas cercano,
de la ciudad de Monterrey,
sus fieles amigos desesperados
le lamían la herida ensangrentada
haciéndose daño al tratar
de devolverle la vida a su amo,
fué inútil tanto intento.
El guapo ranchero se suicidó
por el amor que se fué sin adiós.
Cuando tiempo después lo encontraron
ya era un esqueleto descarnado
custodiado por sus fieles guardianes,
que flacos seguían aullando,
siempre fieles ante el,
y pronto morirían desolados
por su amo, el guapo ranchero.
Sandra Figueroa
2014














