¡La flor que ves marchita en la ventana,
de pétalos ajados por el tiempo,
se transformará en enredadera venenosa
e ira creciendo hasta encontrarte
y trepar por tu pecho y enredarte
hasta asfixiarte y llenarte de veneno
para que supliques mi perdón
y no haré caso a tus ruegos angustiosos,
seguiré apretándote la garganta
hasta que solo se escuche el murmullo
de tu voz y ya no puedas respirar
y llores lagrimas amargas arrepintiéndote!
¡Voy a torturarte lo mas que pueda
y mueras abrazado a la enredadora
que aquella noche de cálido verano,
cuando la dosis de veneno enviaste,
lo bebió la rosa creyendo era miel
y la sobredosis hoy surtió efecto,
la pócima letal transforma la rosa
y crece hasta encontrar tu corazón
para devolverte el veneno y matarte!
¡Entre mis ramas morirás asfixiado!
¡Quiero verte suplicar mi perdón
y no lo tendré porque voy a matarte!
Sandra Figueroa
2004