SUEÑO-11
Cuando llegó a su destino, ya habían pasado varios días y estaba cansada de manejar, estacionó el auto en el malecón y caminando fue buscando y preguntando por algo donde vivir, así pasó el día y ya casi anochecía cuando en un Cafe, que se llamaba: El Marinero, donde entró a comer, el dueño le ofreció un cuarto donde pasar la noche y le dijo que tenia una casita pequeña junto a un acantilado que podría venderle y que si se animaba irían mañana a verla y hacer el trato. POETIZA aceptó gustosa. El hombre era guapo, alto y delgado, moreno, y sus canas le daban un aire interesante, mientras le servían su cena, el se sentó junto a ella a conversar, le contó que tenia un barco en el que salía a navegar y le preguntó si le gustaba el mar.
—Amo el mar, por eso estoy aqui para quedarme junto a el —contestó POETIZA y el sonrió.
—Cuando estoy en tierra atiendo el Cafe pero hay quien se encarga de el, yo lo hago por gusto, me gusta conversar con la gente que llega a este lugar, pero paso mas tiempo en el mar. Me gusta pescar, amo el mar como tu. —Le contó que vivía solo desde hace muchos años, su mujer lo había dejado llevándose a su única hija que ahora estaba casada y vivía en Paris, su pais de origen. POETIZA lo miraba, era un hombre muy guapo, culto y fascinante, era parisino pero México le había gustado para vivir, sus negocios le permitían vivir sin trabajar.
—Mi mujer murió en un accidente y mi hija nunca a venido a verme, yo he ido a verla una vez al año pero nunca me quedo mas de dos días —le contó el sin mirarla.
Siguieron conversando y ella le contó parte de su vida pasada, el tomó su mano cuando vió lagrimas en sus ojos.
—Deja el pasado atrás POETIZA y vive aqui los mejores años de tu vida —dijo aquel hombre que la miraba amablemente y le secó las lagrimas con su pañuelo.
—Gracias, soy muy sentimental —dijo ella en voz baja. Después de un rato dijo que estaba cansada, se levantaron y el le indico donde estaba su habitación.
—Gracias, primero iré por mi auto y regreso —dijo ella acordándose donde lo había estacionado.
—Te acompaño —se ofreció el y caminaron por la orilla de la playa hasta el lugar donde el auto esperaba y de regreso el le indicó por donde debía conducir para llegar a la calle de atrás del Cafe donde podía dejarlo.
Su habitación era pequeña pero muy limpia, dejó su maleta en la cama, había una flor en un vaso, lindo detalle pensó POETIZA.
A la mañana siguiente salió al Cafe con su maleta en la mano buscando con la mirada al dueño, lo descubrió conversando con un hombre bajo de estatura que le mostraba unos papeles, el al verla se levantó y fue a saludarla.
—Buenos días POETIZA espero estés descansada.
—Si, gracias por todo —dijo ella sonriéndole a aquel hombre que no dejaba de mirarla y dejó su maleta en el piso.
—Pide tu desayuno mientras yo termino unos tramites con mi abogado y nos vamos —bien, dijo ella sentándose en una mesa y una linda muchacha morena y amable se acercó mostrándole el menú, ella pidió café y pan tostado con mantequilla, un rato después el se acercó a su mesa.
—Nos vamos en tu auto, está tan cerca la casita que podemos ir a pie pero debes llevarlo si te quedas ahí—le dijo sonriéndole.
Tomaron la calle del malecón. Si que está cerca le dijo POETIZA cuando llegaron. Una linda casita, estaba a la vista, es perfecta dijo ella, cuando entraron quedó deslumbrada, todo estaba limpio y un ramo de alcatraces en una mesita se veía precioso, al frente de la sala tenia un amplio ventanal con vista al mar, abajo estaba la playa que se llegaba a ella por medio de una escalera lateral. Me gusta le dijo POETIZA mirándolo, es justo lo que necesito, dime como hacemos el trato, me quedo con ella —El la miraba fascinado al ver su cara de emoción.
—Lo malo de la playa es que cuando sube la marea desaparece —le dijo cambiando el tema.
—No importa —dijo ella mirando ese mar que le saludaba dándole bienvenida.
—Por el trato no te preocupes, desde este momento es tu casa, mi abogado estará ocupado por unos días, cuando regrese nos ponemos de acuerdo. ¿Te parece bien? — ella asintió.
—Espero que pases momentos inolvidables —la miró y POETIZA vió en sus ojos un destello de luz que la deslumbró, era tan guapo, tan amable y apenas lo conocía.
POETIZA tenia cosas que hacer, le preguntó donde podía ir de compras para surtir la despensa y lo que pudiera necesitar para la casa. El le indicó que no muy lejos había un gran almacén donde encontraría todo.
—Si gustas puedo acompañarte para que sepas por donde ir y así puedas hacerlo sola después —Le sugirió y ella aceptó, y aquel guapo marinero le contó que mando a una muchacha a que ordenara todo en la casita y la dejara lista pera recibirla.
—Gracias, muchas gracias, que amable —lo miró, esos ojos negros profundos le sonreían y a ella le gustaba su sonrisa.
Al llegar de hacer las compras el le ayudó con las cosas y ella metió al refrigerador lo que podía echarse a perder y el resto lo dejó encima de la mesa.
—Te agradezco lo que has hecho por mi —dijo ella con una sonrisa.
—Me voy, te dejo para que te instales, estaré en el Cafe por si me necesitas o quieres pasar un rato. En unos días mas me iré al mar en mi barco, nunca me quedo mucho tiempo en tierra, el mar me espera. —Le dijo y se fue.
Ella después de organizar sus cosas, se puso el traje de baño y se fue a la playa, se sentía feliz, se metió al mar para sentir sus caricias, acostada en la arena recodaba su pasado, lloró. Aquí seré feliz, dijo suspirando y regresó a su linda casita, cenó y se durmió pensando en aquel buen hombre que le facilitó las cosas.
POETIZA estaba fascinada con aquella vista al mar que pasaba horas contemplándolo y recordando. Ya no le dolía el pasado. Pasó tres días como deseaba, sola y frente al mar, por las noches leía o escribía y se dormía a la hora que quería. El Viernes por la tarde POETIZA estaba leyendo un libro y se acordó del dueño del Café, debo ir a verlo, se dijo y se levantó, se puso un vestido playero largo de color blanco y sandalias, tomó las llaves y se fue caminando por la playa hasta al Café, tenia que preguntarle lo de la casita.
El Café estaba lleno, lo vió, estaba sentado con una hermosa mujer rubia de profundos ojos azules que la miró fríamente cuando caminó hacia ellos.
—¡POETIZA, que sorpresa! ven, te presento a una amiga —señalo a la mujer que a su lado la fulminaba con la mirada.
—Buenas tardes —dijo POETIZA y la rubia no dijo nada solo movió la cabeza en señal de aprobación.
—Le contaba a mi amiga que estas en la casita de la playa —le comunicó el dueño del Café.
—Vine a hablar precisamente de eso —contestó ella amablemente pero con ganas de retirarse, se sentía incomoda frente a esa bella mujer que la miraba de arriba a abajo. La rubia se levantó irritada.
—Piénsalo mi amor, vale mas conocido que por conocer —y miró a POETIZA con desprecio mientras se retiraba contoneando las caderas.
—Creo que no le cai bien a tu amiga, me miró de mal modo —dijo ella al hombre que a su lado la miraba fijamente cuando la rubia se fue.
—Está celosa —le dijo y ella quedó sorprendida pero no preguntó porque.
—¿Puedo ofrecerte algo POETIZA? — dijo el señalando el mostrador.
—No gracias, solo vine a saludar y ver si tenias noticias de la compra venta de la casa, ya me voy, es tarde y no me gusta andar de noche sola y menos en la playa, no conozco bien todavía este lugar —El le dijo espera cuando ella intentó caminar a la salida.
—¿Te puedo acompañar? Asi platicamos un rato — ella aceptó.
Iban caminando despacio por la orilla de la playa, conversando sobre los peligros del mar y sus maravillas.
—¿La muchacha rubia es tu novia o algo así? —pregunto de repente POETIZA.
—No. Ella quiere tener algo conmigo, pero yo siempre la he tratado como amiga, y ella lo sabe pero insiste en que —se detuvo mirando hacia el mar.
—¿En que? —Preguntó POETIZA.
—En que si hacemos el amor terminaré en sus brazos rendido —Terminó el.
—Puede ser, es muy bella y su cuerpo es tentador —dijo ella sonriendo.
—No, ella no es la mujer con quien quiero compartir mi vida, y no le he dado esperanzas —ya estaba oscuro y ella no pudo ver sus ojos pero lo sintió sincero.
Caminaron en silencio sintiendo la caricia del viento en su piel, POETIZA suspiraba, el se despidió muy amable cuando llegaron al acantilado.
—Estas muy pensativo, ¿es por lo que te dije de la rubia de tentación? Por favor disculpa mi atrevimiento—preguntó ella y el le tomó la mano y la besó.
—No POETIZA, esa mujer no me interesa, pensaba en invitarte a navegar en mi barco mañana, no se si te gustaría —ella diciendo gracias aceptó.
—Será un placer navegar contigo POETIZA, la luna se ve preciosa allá en alta mar —POETIZA sonrió.
—Gracias por acompañarme, nos vemos mañana —dijo ella asegurándole que iría.
—Gracias a ti, me haces muy feliz, mañana estaré en el muelle a las 6 de la tarde, si no llegas partiré —le dijo donde encontrar el muelle y se fué.
El Sábado por la tarde POETIZA se puso un vestido de manta blanco y sandalias, tomó las llaves de la casa y salió rumbo al muelle, se sentía libre y feliz.
Caminó despacio por la playa hasta llegar al lugar, el la estaba esperando. Subieron a bordo del barco que no era muy grande pero a ella le pareció enorme.
—¡Es precioso! —dijo POETIZA admirada por el lujo que veía cuando el fue mostrándoselo todo, fue al timón y emprendieron el viaje hacia mar abierto.
Muy lejos de tierra ancló el barco, le dijo que era el lugar perfecto para ver la luna. Fueron a una pequeña cocina pero bien equipada y el preparó una cena exquisita, ella lo miraba moverse a su antojo con el delantal puesto, no dejó que lo ayudara diciendo que era su invitada, ella sentada lo miraba embelesada. Era muy guapo, le gustaba ese marinero.
Cenaron en silencio y el no dejaba de mirarla, POETIZA estaba tan nerviosa que el tenedor se le escapó de las manos mas de una vez, el dijo que era por el movimiento del barco pero ella sabia que no, era su mirada la que provocaba en ella sensaciones de calor y torpeza.
—POETIZA discúlpame pero no puedo dejar de mirarte, eres muy hermosa, nunca había visto a alguien con ese mirar melancólico que tu tienes, hay algo en ti que me deslumbra, me haces meditar en todo este tiempo que he perdido navegando sin rumbo —le había tomado la mano y POETIZA no sabia que decir, solo lo miraba como ida. Nadie nunca le había dicho cosas tan bonitas, su alma sonreía pero el parecía triste.
—Vamos a cubierta —dijo y se levantó, ella lo siguió y allá en el mar era cierto que la luna se veía hermosa, y el mar, y sus olas, todo era hermoso lejos de tierra, el aire le acariciaba el rostro, la luna llena los miraba, el marinero estaba muy cerca, sentía su presencia, su respiración, se volvió y vio la luna reflejada en sus hermosos ojos.
—¿Sabes? Yo nací en un barco a la 1 de la mañana en esta fecha —y le contó lo sucedido, POETIZA se estremeció al escuchar, eran las 12:30 y pronto seria su cumpleaños, el calló.
—Que triste a de haber sido para ti cada día de tu cumpleaños —le dijo ella con ternura. La luna llena los observaba, el mar los arrullaba, la noche cantaba.
—Si, cuando me dijeron que mi madre murió cuando nací, era un niño, y nunca he tenido un cumpleaños feliz —dijo el tan triste que POETIZA lo abrazó, gracias le dijo el pero no correspondió a su abrazo y ella lo soltó haciéndose a un lado.
—¿Quieres que regresemos a tierra? Le dijo el con voz temblorosa y ella contestó que no.
—Quiero estar contigo en tu cumpleaños —le dijo ella mirándolo a los ojos y se abrazaron, el la besó, era un beso que ella no había probado antes, se sentía dichosa entre esos brazos que la apretaban y con el dulce sabor de sus besos se embriagó, el empezó a acariciar su espalda, suavemente, ella se estremeció.
—¿Tienes frio POETIZA? —le susurró el al oído y ella no dijo ni si ni no, seguía pegada a ese cuerpo que se amoldaba al suyo perfectamente, saboreando sus besos temblaba y no de frio, todo era mágico bajo la luz de la luna, ella suspiró. El marinero era muy guapo y le gustaban sus besos, el mar susurraba: amor.
—¡Quiero hacerte el amor POETIZA! —ella se deleitaba con esos besos a la luz de la luna y no respondió al marinero que temblaba de excitación.
El acarició su cabello y suavemente la despojó de su vestido que cayó al piso, POETIZA gimió, sus manos parecían brazas en su carne, se tambaleó encendida de pasión, ella sintió morir agarrada a la barandilla del barco, la levanto en vilo y le hizo el amor, el mar los arrullaba. La luna seguía brillando en lo alto del cielo, volvieron a besarse, se tumbaron al piso y le hizo el amor una y otra vez con urgencia y juntos llegaron al fondo del mar del deseo y enfebrecidos de placer siguieron besándose hasta que su temblor cesó.
—Me has hecho muy feliz POETIZA, eres mi mejor regalo —le besó el lóbulo de la oreja y ella sintió cosquillas y el se rio.
—¡Feliz cumpleaños marinero! —dijo ella aun abrazada a el. La luna cómplice de aquel amor que nacía se escondió en una nube pasajera para volver a brillar iluminándolos.
—No te vallas POETIZA, quédate conmigo para siempre —le susurró al oído y ella suspiró pero no dijo nada.
La luna se fué ocultando y el amanecer los sorprendió desnudos en la cubierta del barco. Le había hecho el amor mas de una vez y POETIZA en sus brazos se sentía dichosa.
—Dime porqué querías vender la casita de la playa—le preguntó ella aprisionada en sus brazos.
—Nunca he pensado venderla —contestó el.
—Pero... —el no la dejó continuar.
—Desde que te ví algo extraño me sucedió y cuando dijiste que buscabas algo donde vivir decidí que vivieras en ella sin contratos.
—Eres un malvado pero así me gustas —le dijo ella besándolo en la frente.
—Te amo POETIZA, no me preguntes como pasó que ni yo mismo lo se —le dijo el antes de llevarla a su camarote para volver a hacerle el amor.
POETIZA vivió los últimos años de su vida entre mar y tierra con aquel guapo marinero que llegó a su vida cuando mas lo necesitaba.
Para el, POETIZA fué un regalo inesperado que llegó a su puerto para darle felicidad.
FIN
Sandra Figueroa
Sueños de Poetiza
2022