Navega la barca sin temor
en el agua turbulenta, no teme
a las olas gigantescas que
pretenden sin piedad hundirla.
Navega tranquila y serena,
si acaso el agua se filtrara
amenazando con hundirla,
callada se dejaría hundir.
Porque a sido su deseo
dejarse hundir por esas olas
que el agua lanza, porque
a decidido por ella sucumbir.
Porque a sido su deseo
sentirse golpeada por las olas
para después sentirse abrazado
por ella en el fondo del mar.
Sandra Figueroa
1998

















