Un vientecillo helado entró en mi habitación
y sin respeto tiró la sabana con que yo cubría
mi cuerpo ardiente de pasión.
Mi cuerpo ardía, se consumía,
el vientecillo al ver mi cuerpo desnudo se excitó,
acarició mi cuerpo jadeante de pasión
y apagó mi fuego.
No supe cuanto tiempo pasó
pero sé que ya despierta noté mi cuerpo frío,
sin una gota de aquella pasión,
y a mi mente vino el recuerdo
de la experiencia con el vientecillo
que me hizo el amor.
Sandra Figueroa
1981
