La noche avanza, son las 10:30 p.m.
en mi reloj de pared que marca la hora
y el tic tac ensordece mis oídos.
Conversaba en la Plaza Ocampo
de Villa de Santiago con mi hermana
y mi vecino que fue mi primer y último amor
cuando mi padre apareció de repente furioso,
mirándome fijamente me llamó por mi nombre,
sentí detenerse el corazón y me levanté
asustada, caminé a su encuentro temblorosa,
y con la mano abierta me golpeó en la cara,
todo se nubló, y por poco caigo al suelo,
caminé tras el en silencio y sin llorar,
me insultaba y me golpeaba en la cabeza
cuando se volteaba y sus golpes no dolían,
callé mi dolor, reprimí las lagrimas,
la sangre caliente corría por mis labios,
al llegar a la casa, golpeada y temblorosa,
mi padre me tomo fuertemente del cabello,
quise gritar, sentí la muerte muy cerca
cuando puso un cuchillo filoso en mi cuello,
y me escupió la cara maldiciéndome.
Mi vecino y primer novio fue la causa
y nunca salí tres veces con él, lo dejé
diciéndole que no era mi tipo, que olvidara,
que lo cambiaba por otro que era rico
y no era cierto, mentí por miedo a mi padre
que amenazó con matarme sin piedad
si me veía otra vez con él, tuve miedo.
Esa noche quise huir, irme de la casa,
pero no supe donde ir, tenia 16 años
y una vida por delante que vivir todavía.
Asi pasaron los años, golpes y versos.
Hoy me acuerdo y me duelen los labios
y me duele verme sentada en la Plaza
a la cual nunca volví para no recordar.
Sandra Figueroa
2006