La vida no a sido fácil para ella,
desde niña desvió sus pasos del camino
por donde entre margaritas caminaba.
A corta edad tomó la ruta de la huida,
y se fue con el sol a su espalda
creyendo en promesas de amor,
de esa esa ruta la rescató su madre,
devolviéndola al camino indicado,
pero sus bellos pies adolescentes
la llevaron por el sendero aventurero,
por donde creyéndose merecedora
de todas las riquezas del mundo,
buscó la manera de ser millonaria,
y solo le dejaron un palpitar constante
que la hizo volver al buen camino.
No pudo ser la dueña y señora
de miles de millones de pesos,
y aceptó humilde ser la esclava
de la casa que le ofrecieron,
donde techo y comida tendría
para la niña que va de su mano.
Tropiezos, gritos, y golpes a recibido
del hombre que las alimenta.
Pasa las horas llorando triste
en la casa móvil donde humillada
recibe un duro pedazo de pan.
La edad se le vino encima de pronto,
mirándose al espejo del ropero.
Resignada sigue este sendero
que tomó al firmar un papel
ante quien la sentenció a muerte.
Ahora espera sentada el final
bajo la sombra de un verde canelo,
que la adormece para que tranquila
llegue el momento de fallecer.
Sandra Figueroa
2008