Una tarde se acabó mi vida
entre diez mil palabras tristes.
Estoy presa y no hay salida
en la cárcel que me hiciste.
Me condenaste a la amargura
de recordarte como sueño,
y una voz en mi oído murmura
que solo fuiste ensueño.
Temblorosa quise esperarte
aun sabiendo que nunca vendrías,
para en mis noches frías amarte
y envolverte en fantasías.
Te fuiste y me quitaste todo,
hasta mi ser arrebataste,
se que no pudo ser de otro modo,
tengo que lograr olvidarte.
Entregada a los quehaceres
hablo con mi alma a solas,
ella dice que hay otros placeres
que el mar traerá entre las olas.
Pero ahora ya no siento nada,
un hueco hay en mi corazón,
dice que vendrá otra madrugada
llenándome de inspiración.
Pero ya no le presto atención,
sin fe me siento acabada,
solo deseo de Dios el perdón
porque sin fe no quiero nada.
Sandra Figueroa
2006



