BIENVENIDO A MI RINCON DE TRISTEZAS......GRACIAS POR LEERME

1 de noviembre de 2022

POETIZA EN MOSCU


SUEÑO-16




POETIZA estaba sola, era muy pobre, no tenia novio, esperaba a un ser único y especial pero ya estaba cansada de esperar y estaba deprimida. Su príncipe azul no llegaba, vivía sola en ese pueblito donde trabajaba en el banco local como secretaria, tenia sus ahorros para comprase un auto y no se excedía en gastos.


Una mañana POETIZA conoció a un hombre un poco mayor que ella que la saludó al preguntar por el Gerente General del Banco, después de pasarlo al despacho se quedó pensando en lo guapo que era, se enteró que el había venido por unos meses a solucionar problemas del Banco, pero pronto partiría a su patria. El se hospedaba en un hotel en Monterrey, se hicieron amigos, y pasados los días ella le mostró el pueblo, la acompañó al mercado donde ella iba a comprar los  víveres para su casa, y se sentía muy contenta en su compañía, el era divertido, le contaba cosas que a ella hacían soñar y reír.


Una tarde de Sábado fueron a dar una vuelta por la Cascada Cola de Caballo y cuando llegaron a casa de POETIZA era de noche y estaba lloviendo muy fuerte. Su casita era chiquita pero limpia y hermosa, era lo único que tenia, herencia de sus padres, ella y su corazón lo dejaron pasar a la sala, le ofreció un café pero el dijo que quería cervezas, como ella no tenia el fue al Oxxo mas cercano y trajo un 24 de Tecate.


Estaban los dos en el pequeño sofá de POETIZA y el le ofreció una cerveza, ella le dijo que no tomaba pero el insistió diciendo que era buena para el riñón y ella aceptó, lo complació tomándosela de un tirón.


—Asi que no tienes novio POETIZA —dijo el mirándola a los ojos mientras seguía tomando cerveza y ella sentía cosquillas en el estómago.


—Pero si estas tan bonita y hermosa, los muchachos de aqui están ciegos, estas preciosa POETIZA, tan linda como una muñeca Barbie —y un brillo extraño en sus ojos le decía: soy un lobo, te voy a comer, pero su corazón decía: es el POETIZA, el que estas esperando.


—Los muchachos de aqui no me miran con ganas de formar un hogar, solo quieren divertirse y yo no busco aventuras, soy virgen, quiero casarme de blanco, tener uno o dos hijos y ser feliz. —el la miró fascinado y sorprendido, sus ojos se iluminaron y ella sintió su corazón latir con fuerza, el se tomó de un trago la cerveza.


—POETIZA, me gustas, creo que estoy enamorado de ti, quisiera que fueras mi novia, regresaré y nos casaremos, dime que si chiquita —le dijo tomándole la mano y ella sintió una inmensa alegría y sonrió, estaban muy cerca, la abrazó y la besó pero ella tenia la boca cerrada.


—¿Qué pasa POETIZA? Es un beso nada mas —ella le dijo que nunca la habían besado y vió que sonreía y su sonrisa le parecía hermosa.


—Ya somos novios y nos vamos a casar, debes dejar que te bese y me das una prueba de amor —le dijo ese hombre tomándola de la barbilla, POETIZA se sentía mareada y estaba emocionada con lo que le decía su novio y dijo si con la cabeza sin saber a ciencia cierta a lo que se refería.


—Tu solo déjate llevar chiquita y así me demuestras que te quieres casar conmigo, vas a sentir rico —dijo con un brillo malicioso en los ojos pero ella pensó que brillaban de amor.


La besó apasionadamente abriéndole los labios para profanar su garganta, la acarició de pies a cabeza, la tomó de la mano y viendo donde estaba la recamara la llevó a ella, POETIZA gritó de dolor cuando el como un endemoniado entraba y salía de su cuerpo, ella tenia los ojos cerrados y los puños apretados, gritó unas dos o tres veces mas sintiendo que la desgarraba por dentro.


—Ya chiquita, nos vamos a casar —le decía el jadeando de pasión y ella lo creía, el hizo con su cuerpo lo que quiso una y otra vez mientras ella seguía llorando de dolor, cuando por fin quedó satisfecho se acostó a su lado y se durmió enseguida, ella siguió llorando a su lado sintiéndose adolorida pero pasado un rato también se durmió.


Al otro día ella se levantó muy temprano a preparar el almuerzo adolorida aun, después de almorzar el se fué a su hotel en Monterrey diciéndole que se verían el Lunes en el Banco y ella lo dejó partir pensando en el día de su boda.


El lunes no lo vió en el Banco ni el resto de la semana y se puso nerviosa pensando que quizá algo le hubiera pasado, le dolía el corazón, se armó de valor y fue a Gerencia, el Gerente le dijo que aquel hombre ya estaba en Moscú, POETIZA se sintió morir, temblando pidió la dirección del Banco en Moscú y el Gerente le tendió una tarjeta.


POETIZA pasó unos días pensativa, fué a una caseta telefónica y marcó un numero, por suerte entendieron su idioma y le dijeron que efectivamente ese hombre trabajaba ahí pero que no estaba. Ella pensaba que algo pasó y tuvo que irse de repente pero que de seguro volvería para casarse con ella, dejó pasar unos días y volvió a marcar a Moscú recibiendo la misma respuesta y decidió mejor esperar. Pasaron los meses y no volvió, POETIZA estaba desesperada y una noche de desvelo elaboró un plan y se durmió llena de ilusión.


A la mañana siguiente fué al Banco y pidió su retiro, tenia su tarjeta de crédito con sus ahorros, luego fué a una agencia de viajes y le diseñaron un viaje a Moscú. Le dieron folletos explicativos, la señorita que la atendió le dió datos importantes para su viaje, POETIZA era ingenua pero no tonta.


POETIZA no tenia maletas ni ropa apropiada para llegar a ese Pais y no podía gastar mucho dinero porque lo necesitaría, compró un abrigo negro largo muy grueso y unas botas, en una bolsa de tela que ella había hecho con retazos metió un cambio de ropa, se puso las botas, tomó el abrigo en la mano, su bolso con los documentos y partió al aeropuerto.


Estaba nevando cuando POETIZA llegó a Moscú después de un viaje muy largo y tedioso, estaba abrumada con todo lo que tuvo que lidiar, no sabia ruso pero a señas se dió a entender, un auto la esperaba para llevarla al Hotel donde se hospedaría y después de registrarse fue a conocer su habitación e inmediatamente volvió a salir llevando su bolsita de ropa en la mano y sus documentos, le dió la dirección del Banco al chofer de un taxi que paró haciendo señas con la mano y este la llevó, un gran edificio estaba frente a ella y entró decidida pero nerviosa, en recepción dijo que venia del Banco que estaba en su pueblo en México y pidió hablar con el Gerente y este si hablaba perfecto español, le contó a medias el motivo de su visita, el Gerente le dijo que ese hombre estaba de vacaciones y como venia de muy lejos quiso ayudarla y le dió la dirección de su casa, el corazón de POETIZA latía desenfrenado, sus manos temblaban pero se controló, se despidió agradecida y salió a la calle desbocada, paró un taxi, le dió la dirección y tomó aire, sentía que se ahogaba.


Parada en la puerta de una hermosa mansión, dudaba en tocar el tiemble, la nieve caía, en ese momento llegó una limusina y de ella bajó una mujer y dos niños y al tocar la puerta una hermosa mujer rubia y embarazada las recibió y las pasó al interior, POETIZA se acercó despacio y la mujer la vió.


—¿Buscas trabajo? —le dijo la mujer en ruso y POETIZA dijo buenas tardes en español.


—¡Ah! español, poco —POETIZA le dijo que venia desde México a saludar al señor de la casa y que eran amigos. La mujer quedó quieta un momento, POETIZA escuchó risas y vió globos por todas partes, había una fiesta, corriendo llegó una niña de hermosos ojos grandes y expresivos, POETIZA vió en ellos otros ojos y se estremeció, su cabeza daba vueltas, su corazón latía muy fuerte, no podía hablar por la sorpresa, tras la niña llegó aquel hombre a quien le dió pruebas de amor, el se quedó inmóvil, la mujer embarazada parecía no entender nada, POETIZA ya no pensaba, un temblor se apoderó de su cuerpo y sintió un choque eléctrico en el cerebro, los miró agitada, dió media vuelta y corrió gritando y llorando desesperada por las banquetas, se perdió en las calles de Moscú sin saber a donde iba, solo quería correr, POETIZA ya no pensaba en nada, solo escuchaba el latir de su corazón, caminaba ya sin fuerzas por un camino desolado donde un auto rojo cubierto de nieve quedó varado, estaba cayendo la tarde y ella seguía caminando con la mirada perdida y apretando contra su pecho su bolsita de ropa, le dolían los pies y el alma, ya no sentía su corazón latir y cayó de bruces a la nieve.


Despertó en un hospital, una enfermera estaba a su lado, se sentía frágil, cerró y abrió los ojos, la enfermera le hablaba en ruso y ella no entendía.


—Soy mexicana, hablo español, discúlpeme —dijo POETIZA apenada por no entender el idioma.


—Hola POETIZA —dijo la enfermera en español mientras sonreía amablemente diciéndole que también hablaba su idioma.


—¿Porqué estoy aqui? ¿Quién me trajo? —pregunto POETIZA y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.


—El doctor vendrá en seguida y contestará tus preguntas —dijo la enfermera y salió, después de un rato llegó un elegante medico mayor de edad.


—Estas bien POETIZA, te trajo al hospital la policía que te encontró tirada en la nieve pero afortunadamente a tiempo, has estado una semana en coma pero hoy despertaste a nueva vida niña, tu juventud hará que te recuperes pronto, entre tus pertenencias encontró la policía tus datos y ya avisamos al hotel donde te hospedas, pronto podrás irte de aqui y reanudar tus vacaciones —le dijo aquel buen doctor y ser humano en un perfecto español.


Ella empezó a llorar despacito al recordar el motivo de su visita a Moscú, escondió sus ojos en llanto de la mirada de aquel medico que le hablaba con ternura.


—Tranquila niña, si quieres hablar estoy para escucharte y ayudarte —le dijo tomando su mano entre las suyas cálidas y suaves, ella lo miró y le contó su historia, el la miraba escuchando sin soltarle la mano.


—Gracias por confiar en mi POETIZA, te ayudaré a regresar a México, no te preocupes, por lo pronto descansa y recuperate niña —le dijo el medico guiñándole un ojo.


A los tres días el medico le dijo que era hora de irse del hospital, que estaba perfectamente bien de salud, le trajeron su bolsita con ropa y ya lista salió de ahí con el medico rumbo al hotel donde pasó en su habitación unos días mientras el medico preparaba su viaje de regreso a México y después pasó por ella y la llevó al aeropuerto.


—A sido muy amable conmigo doctor, gracias por todo, no lo olvidaré nunca —le dijo POETIZA con tristeza y desvió la mirada, quería llorar pero se contuvo.


—Se feliz POETIZA, hombres como ese hay muchos por el mundo, eres tan joven y aun te falta mucho camino por recorrer, ten cuidado niña —le dijo el medico y en sus ojos ella vió ternura, POETIZA le dió un beso en la mejilla y se fué a abordar el avión que la llevaría a su México lindo y querido, el le dijo adiós con la mano y ella sonrió.


POETIZA llegó a su pueblo, en su casita recordaba y lloraba, encontró trabajo en la iglesia como secretaria, pasaron los días, aun le dolía recordar pero tenia que olvidar se decía una y otra vez, empezó a leer la Biblia y entró a un convento con ayuda del Sacerdote, se hizo monja y pasados los años la ascendieron a Madre Superiora del convento.


POETIZA se sentía contenta, ya no le dolía recordar que vivió una terrible experiencia cuando fué joven, se acordaba del buen doctor ruso que la ayudó y sonreía, a el nunca lo olvidaría, salió al pasillo, llovía, y las gotas de lluvia le recordaron cuanto había llorado por aquel hombre que la mancilló, con nostalgia suspiró y se fué a la capilla, era hora del rosario.


POETIZA vivió el resto de su vida en ese convento en donde encontró la felicidad amando a Jesus, Señor del cielo y de la tierra. 


POETIZA fué feliz.


FIN

Sandra Figueroa

Sueños de Poetiza

2022

1 de octubre de 2022

POETIZA EN EL MAR


SUEÑO-11


POETIZA
estaba sola, decidida a vivir una nueva vida, vendió todo lo que tenia, compró un auto nuevo y se fué por carretera hasta un puerto marítimo que le gustaba para vivir, ahí compraría una casa pequeña y seria feliz, se dijo sonriendo.


Cuando llegó a su destino, ya habían pasado varios días y estaba cansada de manejar, estacionó el auto en el malecón y caminando fue buscando y preguntando por algo donde vivir, así pasó el día y ya casi anochecía cuando en un Cafe, que se llamaba: El Marinero, donde entró a comer, el dueño le ofreció un cuarto donde pasar la noche y le dijo que tenia una casita pequeña junto a un acantilado que podría venderle y que si se animaba irían mañana a verla y hacer el trato. POETIZA aceptó gustosa. El hombre era guapo, alto y delgado, moreno, y sus canas le daban un aire interesante, mientras le servían su cena, el se sentó junto a ella a conversar, le contó que tenia un barco en el que salía a navegar y le preguntó si le gustaba el mar.


—Amo el mar, por eso estoy aqui para quedarme junto a el —contestó POETIZA y el sonrió.


—Cuando estoy en tierra atiendo el Cafe pero hay quien se encarga de el, yo lo hago por gusto, me gusta conversar con la gente que llega a este lugar, pero paso mas tiempo en el mar. Me gusta pescar, amo el mar como tu. —Le contó que vivía solo desde hace muchos años, su mujer lo había dejado llevándose a su única hija que ahora estaba casada y vivía en Paris, su pais de origen. POETIZA lo miraba, era un hombre muy guapo, culto y fascinante, era parisino pero México le había gustado para vivir, sus negocios le permitían vivir sin trabajar.



—Mi mujer murió en un accidente y mi hija nunca a venido a verme, yo he ido a verla una vez al año pero nunca me quedo mas de dos días —le contó el sin mirarla.


Siguieron conversando y ella le contó parte de su vida pasada, el tomó su mano cuando vió lagrimas en sus ojos.


—Deja el pasado atrás POETIZA y vive aqui los mejores años de tu vida —dijo aquel hombre que la miraba amablemente y le secó las lagrimas con su pañuelo.


—Gracias, soy muy sentimental —dijo ella en voz baja. Después de un rato dijo que estaba cansada, se levantaron y el le indico donde estaba su habitación.


—Gracias, primero iré por mi auto y regreso —dijo ella acordándose donde lo había estacionado.


—Te acompaño —se ofreció el y caminaron por la orilla de la playa hasta el lugar donde el auto esperaba y de regreso el le indicó por donde debía conducir para llegar a la calle de atrás del Cafe donde podía dejarlo.


Su habitación era pequeña pero muy limpia, dejó su maleta en la cama, había una flor en un vaso, lindo detalle pensó POETIZA.


A la mañana siguiente salió al Cafe con su maleta en la mano buscando con la mirada al dueño, lo descubrió conversando con un hombre bajo de estatura que le mostraba unos papeles, el al verla se levantó y fue a saludarla.


—Buenos días POETIZA espero estés descansada.


—Si, gracias por todo —dijo ella sonriéndole a aquel hombre que no dejaba de mirarla y dejó su maleta en el piso.


—Pide tu desayuno mientras yo termino unos tramites con mi abogado y nos vamos —bien, dijo ella sentándose en una mesa y una linda muchacha morena y amable se acercó mostrándole el menú, ella pidió café y pan tostado con mantequilla, un rato después el se acercó a su mesa.


—Nos vamos en tu auto, está tan cerca la casita que podemos ir a pie pero debes llevarlo si te quedas ahí—le dijo sonriéndole.


Tomaron la calle del malecón. Si que está cerca le dijo POETIZA cuando llegaron. Una linda casita, estaba a la vista, es perfecta dijo ella, cuando entraron quedó deslumbrada, todo estaba limpio y un ramo de alcatraces en una mesita se veía precioso, al frente de la sala tenia un amplio ventanal con vista al mar, abajo estaba la playa que se llegaba a ella por medio de una escalera lateral. Me gusta le dijo POETIZA mirándolo, es justo lo que necesito, dime como hacemos el trato, me quedo con ella —El la miraba fascinado al ver su cara de emoción.


—Lo malo de la playa es que cuando sube la marea desaparece —le dijo cambiando el tema.


—No importa —dijo ella mirando ese mar que le saludaba dándole bienvenida.


—Por el trato no te preocupes, desde este momento es tu casa, mi abogado estará ocupado por unos días, cuando regrese nos ponemos de acuerdo. ¿Te parece bien? — ella asintió.


—Espero que pases momentos inolvidables —la miró y POETIZA vió en sus ojos un destello de luz que la deslumbró, era tan guapo, tan amable y apenas lo conocía.


POETIZA tenia cosas que hacer, le preguntó donde podía ir de compras para surtir la despensa y lo que pudiera necesitar para la casa. El le indicó que no muy lejos había un gran almacén donde encontraría todo.


—Si gustas puedo acompañarte para que sepas por donde ir y así puedas hacerlo sola después —Le sugirió y ella aceptó, y aquel guapo marinero le contó que mando a una muchacha a que ordenara todo en la casita y la dejara lista pera recibirla.


—Gracias, muchas gracias, que amable —lo miró, esos ojos negros profundos le sonreían y a ella le gustaba su sonrisa.


Al llegar de hacer las compras el le ayudó con las cosas y ella metió al refrigerador lo que podía echarse a perder y el resto lo dejó encima de la mesa.


—Te agradezco lo que has hecho por mi —dijo ella con una sonrisa.


—Me voy, te dejo para que te instales, estaré en el Cafe por si me necesitas o quieres pasar un rato. En unos días mas me iré al mar en mi barco, nunca me quedo mucho tiempo en tierra, el mar me espera. —Le dijo y se fue.


Ella después de organizar sus cosas, se puso el traje de baño y se fue a la playa, se sentía feliz, se metió al mar para sentir sus caricias, acostada en la arena recodaba su pasado, lloró. Aquí seré feliz, dijo suspirando y regresó a su linda casita, cenó y se durmió pensando en aquel buen hombre que le facilitó las cosas.


POETIZA estaba fascinada con aquella vista al mar que pasaba horas contemplándolo y recordando. Ya no le dolía el pasado. Pasó tres días como deseaba, sola y frente al mar, por las noches leía o escribía y se dormía a la hora que quería. El Viernes por la tarde POETIZA estaba leyendo un libro y se acordó del dueño del Café, debo ir a verlo, se dijo y se levantó, se puso un vestido playero largo de color blanco y sandalias, tomó las llaves y se fue caminando por la playa hasta al Café, tenia que preguntarle lo de la casita.


El Café estaba lleno, lo vió, estaba sentado con una hermosa mujer rubia de profundos ojos azules que la miró fríamente cuando caminó hacia ellos.


—¡POETIZA, que sorpresa! ven, te presento a una amiga —señalo a la mujer que a su lado la fulminaba con la mirada.


—Buenas tardes —dijo POETIZA y la rubia no dijo nada solo movió la cabeza en señal de aprobación.


—Le contaba a mi amiga que estas en la casita de la playa —le comunicó el dueño del Café.


—Vine a hablar precisamente de eso —contestó ella amablemente pero con ganas de retirarse, se sentía incomoda frente a esa bella mujer que la miraba de arriba a abajo. La rubia se levantó irritada.


—Piénsalo mi amor, vale mas conocido que por conocer —y miró a POETIZA con desprecio mientras se retiraba contoneando las caderas.


—Creo que no le cai bien a tu amiga, me miró de mal modo  —dijo ella al hombre que a su lado la miraba fijamente cuando la rubia se fue.


—Está celosa —le dijo y ella quedó sorprendida pero no preguntó porque.


—¿Puedo ofrecerte algo POETIZA? — dijo el señalando el mostrador.


—No gracias, solo vine a saludar y ver si tenias noticias de la compra venta de la casa, ya me voy, es tarde y no me gusta andar de noche sola y menos en la playa, no conozco bien todavía este lugar —El le dijo espera cuando ella intentó caminar a la salida.


—¿Te puedo acompañar? Asi platicamos un rato — ella aceptó.


Iban caminando despacio por la orilla de la playa, conversando sobre los peligros del mar y sus maravillas.


—¿La muchacha rubia es tu novia o algo así? —pregunto de repente POETIZA.


—No. Ella quiere tener algo conmigo, pero yo siempre la he tratado como amiga, y ella lo sabe pero insiste en que —se detuvo mirando hacia el mar.


—¿En que? —Preguntó POETIZA.


—En que si hacemos el amor terminaré en sus brazos rendido —Terminó el.


—Puede ser, es muy bella y su cuerpo es tentador —dijo ella sonriendo.


—No, ella no es la mujer con quien quiero compartir mi vida, y no le he dado esperanzas —ya estaba oscuro y ella no pudo ver sus ojos pero lo sintió sincero.


Caminaron en silencio sintiendo la caricia del viento en su piel, POETIZA suspiraba, el se despidió muy amable cuando llegaron al acantilado.


—Estas muy pensativo, ¿es por lo que te dije de la rubia de tentación? Por favor disculpa mi atrevimiento—preguntó ella y el le tomó la mano y la besó.


—No POETIZA, esa mujer no me interesa, pensaba en invitarte a navegar en mi barco mañana, no se si te gustaría —ella diciendo gracias aceptó.


—Será un placer navegar contigo POETIZA, la luna se ve preciosa allá en alta mar —POETIZA sonrió.


—Gracias por acompañarme, nos vemos mañana —dijo ella asegurándole que iría.


—Gracias a ti, me haces muy feliz, mañana estaré en el muelle a las 6 de la tarde, si no llegas partiré —le dijo donde encontrar el muelle y se fué.


El Sábado por la tarde POETIZA se puso un vestido de manta blanco y sandalias, tomó las llaves de la casa y salió rumbo al muelle, se sentía libre y feliz.


Caminó despacio por la playa hasta llegar al lugar, el la estaba esperando. Subieron a bordo del barco que no era muy grande pero a ella le pareció enorme.


—¡Es precioso! —dijo POETIZA admirada por el lujo que veía cuando el fue mostrándoselo todo, fue al timón y emprendieron el viaje hacia mar abierto.


Muy lejos de tierra ancló el barco, le dijo que era el lugar perfecto para ver la luna. Fueron a una pequeña cocina pero bien equipada y el preparó una cena exquisita, ella lo miraba moverse a su antojo con el delantal puesto, no dejó que lo ayudara diciendo que era su invitada, ella sentada lo miraba embelesada. Era muy guapo, le gustaba ese marinero.


Cenaron en silencio y el no dejaba de mirarla, POETIZA estaba tan nerviosa que el tenedor se le escapó de las manos mas de una vez, el dijo que era por el movimiento del barco pero ella sabia que no, era su mirada la que provocaba en ella sensaciones de calor y torpeza.


—POETIZA discúlpame pero no puedo dejar de mirarte, eres muy hermosa, nunca había visto a alguien con ese mirar melancólico que tu tienes, hay algo en ti que me deslumbra, me haces meditar en todo este tiempo que he perdido navegando sin rumbo —le había tomado la mano y POETIZA no sabia que decir, solo lo miraba como ida. Nadie nunca le había dicho cosas tan bonitas, su alma sonreía pero el parecía triste.


—Vamos a cubierta —dijo y se levantó, ella lo siguió y allá en el mar era cierto que la luna se veía hermosa, y el mar, y sus olas, todo era hermoso lejos de tierra, el aire le acariciaba el rostro, la luna llena los miraba, el marinero estaba muy cerca, sentía su presencia, su respiración, se volvió y vio la luna reflejada en sus hermosos ojos.


—¿Sabes? Yo nací en un barco a la 1 de la mañana en esta fecha —y le contó lo sucedido,  POETIZA se estremeció al escuchar, eran las 12:30 y pronto seria su cumpleaños, el calló.


—Que triste a de haber sido para ti cada día de tu cumpleaños —le dijo ella con ternura. La luna llena los observaba, el mar los arrullaba, la noche cantaba.


—Si, cuando me dijeron que mi madre murió cuando nací, era un niño,  y nunca he tenido un cumpleaños feliz —dijo el tan triste que POETIZA lo abrazó, gracias le dijo el pero no correspondió a su abrazo y ella lo soltó haciéndose a un lado.


—¿Quieres que regresemos a tierra? Le dijo el con voz temblorosa y ella contestó que no.


—Quiero estar contigo en tu cumpleaños —le dijo ella mirándolo a los ojos y se abrazaron, el la besó, era un beso que ella no había probado antes, se sentía dichosa entre esos brazos que la apretaban y con el dulce sabor de sus besos se embriagó, el empezó a acariciar su espalda, suavemente, ella se estremeció.


—¿Tienes frio POETIZA? —le susurró el al oído y ella no dijo ni si ni no, seguía pegada a ese cuerpo que se amoldaba al suyo perfectamente, saboreando sus besos temblaba y no de frio, todo era mágico bajo la luz de la luna, ella suspiró. El marinero era muy guapo y le gustaban sus besos, el mar susurraba: amor.


—¡Quiero hacerte el amor POETIZA! —ella se deleitaba con esos besos a la luz de la luna y no respondió al marinero que temblaba de excitación.


El acarició su cabello y suavemente la despojó de su vestido que cayó al piso, POETIZA gimió, sus manos parecían brazas en su carne, se tambaleó encendida de pasión, ella sintió morir agarrada a la barandilla del barco, la levanto en vilo y le hizo el amor, el mar los arrullaba. La luna seguía brillando en lo alto del cielo, volvieron a besarse, se tumbaron al piso y le hizo el amor una y otra vez con urgencia y juntos llegaron al fondo del mar del deseo y enfebrecidos de placer siguieron besándose hasta que su temblor cesó.


—Me has hecho muy feliz POETIZA, eres mi mejor regalo —le besó el lóbulo de la oreja y ella sintió cosquillas y el se rio.


—¡Feliz cumpleaños marinero! —dijo ella aun abrazada a el. La luna cómplice de aquel amor que nacía se escondió en una nube pasajera para volver a brillar iluminándolos.


—No te vallas POETIZA, quédate conmigo para siempre —le susurró al oído y ella suspiró pero no dijo nada.


La luna se fué ocultando y el amanecer los sorprendió desnudos en la cubierta del barco. Le había hecho el amor mas de una vez y POETIZA en sus brazos se sentía dichosa.


—Dime porqué querías vender la casita de la playa—le preguntó ella aprisionada en sus brazos.


—Nunca he pensado venderla —contestó el.


—Pero... —el no la dejó continuar.


—Desde que te ví algo extraño me sucedió y cuando dijiste que buscabas algo donde vivir decidí que vivieras en ella sin contratos.


—Eres un malvado pero así me gustas —le dijo ella besándolo en la frente.


—Te amo POETIZA, no me preguntes como pasó que ni yo mismo lo se —le dijo el antes de llevarla a su camarote para volver a hacerle el amor.


POETIZA vivió los últimos años de su vida entre mar y tierra con aquel guapo marinero que llegó a su vida cuando mas lo necesitaba.


Para el, POETIZA fué un regalo inesperado que llegó a su puerto para darle felicidad.


POETIZA fué feliz.


FIN


Sandra Figueroa

Sueños de Poetiza

2022


15 de septiembre de 2022

POETIZA EN SUIZA


SUEÑO-10



POETIZA estaba sola, trabajaba como secretaria en una Empresa Suiza, su jefe, el Gerente General, un hombre bueno y mayor de edad, la trataba con respeto y cariño. El lunes a primera hora su jefe la llamó a su despacho, tenia algo urgente que comunicarle.

—POETIZA, hija, el Sábado por la noche, recibí ordenes superiores del dueño de la Empresa y tengo que cumplirlas, te llama a Suiza para hacer negocios, pide que vallas inmediatamente, le he hablado de ti, quiere conocerte porque tiene algo que proponerte. Su padre falleció hace unos años dejándole todo a el que es su único hijo, a sucedido algo inesperado, según me dijo, pero no me contó mas. ¿Qué dices POETIZA?

—¿Pero porque conocerme? No entiendo —respondió ella y el Director continuó.

—Hija, eres muy eficiente en esta Empresa, conoces su manejo a fondo, eso el lo sabe. ¿Recuerdas hace dos meses que me fui a Suiza a visitar a mi hija? —Si contesto ella mirándolo confundida.

—Pues bien, tu te hiciste cargo como si fueras las Directora de esta Empresa y se lo conté cuando fui a visitarlo—dijo el Director.

No había mucho que pensar, su vida estaba por cambiar, POETIZA aceptó ir a conocer al dueño de la Cadena de Empresas Suizas. Hizo todo lo necesario en preparativos para el viaje, el día previsto voló hacia su destino, todo estaba preparado para su llegada.

Al día siguiente de su arribo a tierras Suizas, un chofer la llevó a la residencia del dueño de las Empresas, en verdad que era urgente pensó POETIZA al ver que hasta el mas mínimo detalle estaba preparado.

Sentada en la sala POETIZA esperaba nerviosa, algo raro pasa, pensó ella al sentir un escalofrío recorrer su piel y tembló. Después de unos minutos se abrió una puerta, en silla de ruedas salió un hombre joven y muy guapo, tras el dos enfermeras y un medico, POETIZA se levantó sorprendida al verlo, se quedó muda viendo aquellos ojos penetrantes que la miraban, unos ojos verdes hipnotizantes y preciosos, su cara estaba pálida pero sus labios carnosos sonreían.

—Usted debe ser POETIZA, un placer conocerla —le tendió la mano.

—El placer es mío —dijo ella sin poder dejar de mirar aquellos ojos verdes.

—Venga conmigo por favor —dijo el joven aquel que no dejaba de mirarla Y entraron a una sala privada, solo el medico estaba con ellos.


—POETIZA, debe saber lo que a sucedido, el medico se lo dirá y luego hablaremos —dijo el joven sonriente y el medico empezó a hablar, ella escuchó atenta.

—Señorita, el joven, hace una semana fué diagnosticado con cáncer terminal, no hay nada que la medicina pueda hacer por el, su vida podremos prolongarla si todo va bien, un poco mas de 5 años o quizá mas si tenemos suerte, con tratamientos adecuados puede lograrlo, no hay mucho tiempo, debemos actuar de inmediato con los proyectos que el joven tiene en mente y me gustaría que pasara por mi consulta lo antes posible para hacerle los análisis necesarios para proceder —Terminó el medico mirándola, POETIZA estaba impactada sin saber que decir ante tan terrible noticia, solo lo miraba sin entender bien, el joven sonreía. El medico se despidió y se fué, las enfermeras entraron, ellas eran inseparables al joven enfermo.

—Señorita, quiero que sea usted la coordinadora de todas las Empresas Suizas, se que es capaz de sacarlas adelante, es una mujer muy inteligente, me tomé la libertad de investigarla —POETIZA no daba crédito a lo que escuchaba, estaba boquiabierta, muda al ver como esos ojos verdes la miraban suplicando, ella estaba nerviosa.

—No lo pienses mucho POETIZA, es una gran oportunidad para ti —le dijo aquel joven sonriente sin dejar de mirarla y tuteándola.

—Si, lo se joven — dijo ella perdida en ese mar de su mirada.

—Mis abogados tienen instrucciones por si algo me pasa de repente, puedo morir hoy o mañana —continuó el joven, ella se puso triste al escuchar eso y apartó la mirada.

—POETIZA, las cosas están así y no puedo cambiarlas, soy muy rico, el único heredero de la Cadena de Empresas Suizas, mi fortuna es millonaria, pero con todo ese dinero no puedo comprar mi vida, estoy solo en el mundo, no tengo padres, hijos, ni hermanos, ni el cariño de una mujer —se detuvo unos segundos y prosiguió, ella estaba asombrada con su confesión.

—Soy hombre de decisiones y ya decidí lo que quiero hacer antes de morir, si me ayudas podré lograrlo —POETIZA tragó saliva, quería llorar, pero mostrar esa debilidad ante un hombre tan fuerte, tan seguro de si mismo, la desanimó a hacerlo.

No había mucho tiempo para pensar, POETIZA aceptó su nuevo cargo, dijo un gracias escueto y se despidió pero el joven la invitó a cenar para celebrar, ella nadaba en el mar de sus ojos.

—¿POETIZA? —pregunto el sonriente.

—¿Si?, disculpe, no le escuché joven —dijo ella volviendo a la realidad, el sonrió y preguntó de nuevo.

—Que si aceptas mi invitación a cenar, quizá sea la primera o la última cena a tu lado—seguía sonriendo.

—No diga eso por favor —su voz se quebró, el la miró, seguía sonriendo, sus ojos verdes la miraban admirado, POETIZA estaba nerviosa pero aceptó y el le pidió que no lo tratara de usted diciendo que estaba enfermo pero no viejo y ella sonrió.

La cena fué ligera, el tomó solo jugo, su dieta era estricta, después pasaron a una amplia terraza a conversar, las enfermeras estaban cerca por si algo pasaba, contaron trozos de sus vidas, POETIZA se recargó en la silla, lloró al escuchar, no pudo evitarlo, ella pensaba que no era justo que alguien tan joven muriera, el tiró de su silla de ruedas, se puso a su lado, le tomó la mano sonriendo.

—¿POETIZA, que es eso? ¿Lagrimas de cocodrilo? No POETIZA, en estos momentos no necesito lastima, lo que deseo es un hijo —dijo el de repente, ella lo miro boquiabierta.

—Tengo un plan para eso, el medico buscó candidatas pero ninguna me pareció ideal, tiene que ser la persona adecuada para mi heredero, la madre de mi hijo tiene que ser una mujer especial, única en el planeta, y la encontré, si ella  acepta y todo sale bien y no me muero hoy, seré feliz, es necesario —Sonrió.

—Es buena idea —dijo POETIZA admirada mirándolo a los ojos que sonreían, el le apretó la mano, la llevó hasta sus labios y la besó suavemente mirándola, POETIZA se estremeció.

—¿Tienes frio POETIZA? —preguntó el joven preocupado.

No —dijo ella y se despidió diciendo que era hora de irse, tenia muchas cosas que hacer y su hotel estaba lejos.

Espera POETIZA, mi chofer te llevará y desde mañana tendrás una casa que estará a tu disposición, mi abogado se pondrá en contacto contigo para ultimar detalles —dijo el joven y llamó a su chofer.

—Gracias, eres muy amable —dijo ella mirándolo con admiración y se fue.

Al día siguiente la llamó por teléfono, la invitó a cenar, le enviaría al chofer, POETIZA aceptó, tenia ganas de ver otra vez esos ojos y bucear en ellos, ese día tubo mucho trabajo, el abogado había ido a verla a la Empresa donde estaba ultimando detalles. Conversaron de las decisiones de negocios del joven y se puso triste, charlaron animadamente, era un buen abogado.

POETIZA llegó a casa del joven enfermo, vestía un sencillo vestido de algodón con zapatillas a juego.

—Te estaba esperando —dijo el joven desde su silla de ruedas cuando la vió entrar, las dos enfermeras a su lado le sonrieron y discretas se retiraron no muy lejos pero los observaban. Pasaron a la mesa, la cena estuvo deliciosa, el no cenó, solo tomó sus medicamentos y jugo, era un joven muy platicador y sonriente, siempre sonreía, pasaron a otra terraza al aire libre que daba aun enorme jardín con una fuente iluminada por luces multicolor, las enfermeras estaban cerca observándolos.

—¡Que hermosa! —dijo POETIZA admirada al verla.

—¡Si, hermosa! —dijo el mirándola. La noche era cálida, la luna plateada adornaba el cielo, POETIZA suspiró, se sentía contenta.

—Me gusta ver la luna —dijo el

—A mi también —dijo ella.

POETIZA se sentó a su lado en una confortable silla de mimbre y de pronto el interrumpió sus pensamientos.

—POETIZA, te quiero proponer algo importante, si te molesta me lo dices ¿de acuerdo? —ella asintió con la cabeza mirándolo atentamente.

—¡POETIZA, quiero que tengas un hijo mío! —POETIZA sintió que el piso se movía, todo giró a su alrededor, no podía creer lo que estaba escuchando, lo miraba sin poder articular palabra, sus ojos verdes la miraban, su boca sonreía, ella no sabia como responder a esa pregunta.

—¿POETIZA? —preguntó el joven de nuevo.

—Estoy de acuerdo en que tener un hijo es buena idea dado el caso, pero yo, yo, no se, siempre pensé en tener un hijo enamorada y nosotros nos acabamos de conocer, bueno, digo, es que, es una sorpresa tu proposición y además, yo —y el la interrumpió.

—Comprendo lo que dices, también lo pensé así antes de la noticia de mi enfermedad pero ya no tengo tiempo para enamorarte POETIZA y necesito un hijo a quien dejarle todo lo que tengo, todo lo que mi padre a base de sacrificios formó —Su cara se puso triste y una lagrima asomó a sus hermosos ojos verdes, POETIZA enternecida la limpió con su dedo índice y el le tomó la mano y la besó.

—POETIZA, eres muy tierna, yo siempre he sido un hombre practico y decidido como mi padre, ese es mi carácter y tu eres la elegida, cuando mi amigo el Director de la Empresa de Monterrey me mostró tu foto decidí que serias tu y te mandé llamar—POETIZA lloraba silenciosamente, no sabia que decir, el le besó la mano de nuevo.

—Te doy hasta mañana para pensarlo, no tengo mucho tiempo y para hacer a mi hijo se necesitara tiempo que ya no tengo.

—¿Como? —dijo ella sin entender lo que decía.

—Cuando me contestes si o no te lo explico, ¿de acuerdo? Mandaré al chofer a recogerte a las 7 de la noche —le respondió el joven sonriéndole.

—Está bien —dijo POETIZA suspirando y el le besó la mano otra vez , ella sonrió, se despidió y se retiro a descansar y pensar.

Al día siguiente en la oficina no podía concentrarse, pensaba en ese hijo que había que hacer, pero como, si el joven estaba enfermo, ya no podía caminar, el cáncer había avanzado atacándolo de la cintura para abajo, POETIZA estaba nerviosa. Eran las 5 de la tarde, tenia que responderle hoy. Se fué a la casa que le habían destinado a bañarse y vestirse, se puso un vestido largo azul y zapatos de tacón, perfume y salió, el chofer la esperaba. En el camino decidió dejar el pasado a tras y empezar una nueva vida.

Cuando entró por la puerta de la residencia del joven, estaba el medico y las enfermeras con el.

—Gracias por venir POETIZA, pasemos a conversar a esa habitación —señaló el joven una puerta y las enfermeras lo llevaron al interior y salieron, ella cerró la puerta, la miró interrogante, ella se sentó en una silla junto a el, lo miró, el tomo su mano temblorosa y la besó.

—¿Y bien? —dijo el mirándola sonriente.

—De acuerdo, tendré a tu hijo, a nuestro hijo —se corrigió, vió felicidad en esos ojos verde mar en donde quería bañarse desnuda a la luz de la luna y continuó.

—Estoy decidida, me emociona la idea de ser madre, se que no hay tiempo, ahora tu dirás que hay que hacer, porque no entiendo bien. El sonriente le acariciaba la mano.

—Me llenas de emoción, veras que todo sale bien, gracias por aceptar tener a mi hijo que no se si llegaré a conocer, el medico entrará ahora a explicarte lo que procede —La miraba con tristeza y le acariciaba la mano mientras llamaba al medico.

El medico le explicaba a POETIZA que no entendía, todo parecía un sueño, un sueño increíble en el que ella aceptaba ser madre del hijo de un hombre que acababa de conocer pero que despertaba en ella extrañas sensaciones.

—POETIZA, el joven a pesar de su enfermedad esta bien, su semen a sido congelado desde que supimos de su padecimiento y le aseguro que es de buena calidad —el medico y el joven sonrieron, ella se ruborizó, el medico se despidió y salió. Todo era un caos en su cabeza y aquel joven enfermo sonreía.

Salieron al jardín acompañados de las enfermeras que se retiraron un poco dejándolos solos pero estaban al pendiente.

—POETIZA quiero que te quedes desde hoy aqui, las cosas han cambiado, serás la madre de mi hijo y este es tu lugar, te irás al laboratorio dentro de dos días y quiero que conversemos, tengo mucho que decirte —POETIZA asintió con la cabeza perdida en aquel verde de sus ojos.

Mas tarde fué con el chofer a recoger sus cosas y cuando regresó a su nuevo hogar el joven estaba en su recamara y fue a reunirse con el, la habitación era grande y hermosamente decorada, se sentó a su lado a leer un libro mientras el dormía, las enfermeras al otro lado de la cama hacían guardia, ella salió para cenar y regresó a su lado, dormitaba en la silla, el despertó, conversaron, le indicó donde acomodar sus pertenencias, el tenia planes que compartió con ella.

—POETIZA, duerme conmigo —le propuso el joven, ella dudaba por su enfermedad y miró a las enfermeras que sonreían. El joven las despidió diciendo que todo estaría bien, que si algo necesitaba POETIZA las llamaría y ellas salieron para hacer guardia al otro lado de la puerta.

POETIZA se puso su bata blanca de seda y se acostó suavemente para no molestarlo, el sonreía al verla a su lado, algo extraño sucedía en el corazón de POETIZA que suspiró cerrando los ojos y en ese momento el rozó sus labios con un beso tierno diciendo gracias. La abrazó y le habló de sus proyectos, ella escuchaba atentamente, todo iba grabando en su cabeza pero después lo apuntaría en un diario para no perder detalles, era muy importante lo que le decía.

Pasaron las horas, estaban muy juntos y abrazados, la besó y ella correspondió a sus besos que cada vez eran mas apasionados, ella se dejó llevar por aquel torbellino de caricias que el le proporcionaba y gimió sintiendo placer, en ese momento entraron las enfermeras y horrorizada escondió la cabeza en el cuello de aquel joven enfermo y guapo pero apasionado y hábil en estrategias de amor.

—No pasa nada, pueden retirarse —escuchó que el decía a las divertidas enfermeras que con una risita se retiraron a su sitio de guardia.

—Que vergüenza, creo que estuvo mal lo que hicimos, tu no puedes hacer esas cosas, estas enfermo —dijo ella aun abrazada a el sonriente joven.

—Estoy vivo todavía, mi corazón aun late, puedo sentir deseos, aunque no pueda tener sexo normal contigo se hacer otras cosas, además hay juguetes sexuales con los que puedo hacer que te diviertas y termines exhausta en mis brazos —le dijo sonriendo y guiñándole un ojo, ella también sonrió imaginando.

—Quiero que estés contenta a mi lado POETIZA — y volvió a acariciarla, ella se retorcía de deseo, sus manos jugaron en ella a su antojo, POETIZA se calcinaba, gemía como fiera herida, y estalló su volcán vertiendo lava ardiente y escuchó murmullos de risas atrás de la puerta sintiéndose apenada pero satisfecha. 

POETIZA se internó en el laboratorio para empezar el tratamiento, seria inseminada artificialmente primero, si no resultaba probarían la fertilización in vitro, hicieron los exámenes de rigor, estaba sana, el semen del joven listo para ser usado, el día de la ovulación de POETIZA se implantó el semen con éxito, estaba embarazada de trillizos, ella sabia de los riesgos que corría y no le importó, por esos ojos verde mar valdría la pena. El joven tuvo una crisis por la felicidad que le produjo la noticia pero no fue grave, se recuperó en unos días, POETIZA ya estaba con el, en su casa y en su cama.

Pasaban los días y el seguía haciendo planes para sus hijos, POETIZA gravaba, tomaba fotos, las enfermeras ayudaban también, le hacia el amor con estrategias poco conocidas para ella pero con precaución por el embarazo y a ella le gustaba lo que le hacia, no necesitaba otra cosa, era feliz con aquel amor diferente.

—POETIZA, te amo. Me haces muy feliz. Quiero que lo sepas por si mañana no te lo puedo decir —ella sonrió y lo besó.

—Yo también te amo —el se durmió en los brazos de POETIZA que lo acunaban meciéndolo con amor.

Todo se grababa día a día, hasta el mas mínimo detalle. POETIZA aveces se sentía cansada pero estaba feliz, el sonreía mientras le acariciaba el vientre abultado.

El parto estaba programado para cesárea, los bebes nacieron con bajo peso y uno de los tres murió al nacer, POETIZA estaba grave, peligraba su vida pero se recuperó, los dos bebes se lograron con ayuda medica, todo salió relativamente bien, el joven enfermo estaba feliz y decaído. Ya era padre de dos hermosos bebes.

Pasaron dos años de felicidad grabando cada momento, cada ocurrencia. Los bebes en el regazo del joven enfermo lo hacían feliz y rompía en carcajadas contagiando a todos. El joven enfermo murió en brazos de POETIZA una noche de lluvia. Ella no lloró, lo abrazó llenándolo de besos y suspiró.

—¡Te amaré eternamente! —le dijo y le cerró los ojos.

Los bebes crecieron sanamente, ella les mostraba videos y fotos donde su padre les daba consejos y les decía cuanto los amaba, pasó el tiempo, POETIZA dirigió la Cadena de Empresas, herencia de sus hijos, hasta que ellos pudieron hacerse cargo de ellas.

POETIZA nunca se casó, jamás tuvo sexo normal, seguía enamorada de aquel joven que le enseñó una nueva forma de amar.

POETIZA fué feliz.


FIN

Sandra Figueroa
Sueños de Poetiza
2022


1 de septiembre de 2022

POETIZA EN CENTRO AMERICA


SUEÑO -15




POETIZA estaba sola y deprimida, su amor secreto la invitó a irse con el a su país y ella aceptó emocionada pensando que una nueva vida le esperaba. Dejó el cuarto que rentaba y preparó sus maletas, tomó un avión y voló para Centro América.


Cuando llegó, el la estaba esperando en el aeropuerto, la llevó a un departamento que el ya había rentado, estacionó el auto enfrente de una tienda de ropa de mujer, el dueño era un árabe, al lado del negocio una larga escalera los llevó al segundo piso. Habia solo 4 departamentos y uno era el de ellos.


—Al fin solos —dijo el besándola apasionadamente al cerrar la puerta y tirar a un lado las maletas de POETIZA, la llevó casi a rastras hasta la recamara y tumbándola en la cama le levantó la falda y la penetró salvajemente, ella sintió dolor pero calló su grito.


—No sabes cuanto te deseo POETIZA que no me pude contener —le dijo apenado pero ella lo sintió falso y aun así sonrió mirándolo a los ojos.


—Este es tu departamento, lo renté por 3 meses y tiene todo lo necesario para ese tiempo —ella comprobó que era cierto, vió todo lo que tenia y era hermoso, la alfombra y las cortinas blancas, la sala negra de piel era preciosa, todo el departamento estaba decorado en blanco y negro y a ella le gustó. En la cocina ella tomó un vaso con agua, le dolía la cabeza y tomó una aspirina que traía en su bolso de mano, el le dijo que tenia que irse.


—Pero, no entiendo. ¿Qué pasa? ¿No vivirás aqui conmigo? —dijo POETIZA  presintiendo algo.


—No, sabes que estoy casado y no puedo dejar a mi mujer ahora, esta embarazada y pronto dará a luz —respondió el y POETIZA sintió decepción, habían acordado que vivirían juntos un tórrido romance de amor y pasión, eso le decía en sus cartas. Se quedó callada mirándolo, el la volvió a besar diciendo que vendría el día siguiente a hacerle el amor. POETIZA acepto la situación, estaba enamorada y lloró resignada, ya estaba ahí y no podía hacer nada, un hijo estaba de por medio.


Su amante venia todos los días a verla después del trabajo, le hacia el amor, unas veces tiernamente otras salvaje y posesivo, ella no salía a ninguna parte, no conocía ni al dueño del departamento, había de todo en la despensa. Pasados los días su amante disminuyó sus visitas y un día nomás no volvió y no tenia forma de comunicarse con el. Cuando le preguntaba por un teléfono para localizarlo por si algo pasaba el la callaba diciendo que nada pasaría por que la amaba y ella lo creía. POETIZA estaba desesperada, la despensa se acababa, y pronto se cumplirían los tres meses de renta, llegaba el invierno y ella no tenia vestuario adecuado, no sabia que hacer, no tenia dinero, el le dijo que no necesitaba nada, que el le daría todo porque estaba enamorado y no fue cierto, POETIZA lloraba dándose cuenta de la realidad.


Ella limitaba lo que tenia en la despensa pero el agua embotellada se acabó y tuvo que tomar del grifo. Cortaron la luz, el gas, el agua y se acabó la despensa, POETIZA temblaba de frio enredada en una cobija, tenia hambre y sed y no podía gritar, estaba muriendo, ya habían pasado tres meses y días o mil años pensaba ella titiriteando de frio en la cama, estaba nevando, tocaron a la puerta y se levantó como pudo, por la mirilla de la puerta vió a un hombre muy guapo con cara de enojado y no abrió, tenia miedo, pero el hombre volvió a tocar.


—¡Soy el dueño, abran por favor! —al escuchar, POETIZA sintió que las piernas le fallaban y con mano temblorosa abrió la puerta dejándolo pasar y se tambaleó, unos fuertes brazos la atraparon antes de caer al piso y cerrando la puerta la llevó hasta el sofá, ella con los ojos cerrados pero lucida no podía hablar.


—Señorita, usted está mal, le traeré agua y llamaré a un medico —dijo el dueño y fué a la cocina pero regresó de inmediato.


—¿No hay agua? —Preguntó.


—Ni gas, ni luz, ni comida —dijo  POETIZA abriendo los ojos y apretujándose con la cobija que la cubría, no aguantó mas y estalló en llanto desesperado. El árabe se acercó abrazándola.


—¿Qué pasa señorita? —pero ella seguía llorando y el la acercó mas y el sintió la frialdad de su cuerpo y su temblor.


—Mi amante hace tiempo que  no volvió, me abandonó a mi suerte —dijo ella, suspiró y se desmayó en sus brazos.


POETIZA despertó en una cama grande y muy suavecita, se sentía muy calientita, sin moverse recordó lo sucedido, se incorporó quedando sentada, la habitación estaba en penumbras, quiso salir de la cama pero estaba desnuda, un toque en la puerta la sobresaltó, se acostó y se cubrió hasta el cuello con la colchoneta, la puerta se abrió y entró aquel hombre guapo y lo miró asustada, el encendió la luz.


—No te asustes, te vi tan mal que te traje aqui para ayudarte, a venido un medico a examinarte, estas débil pero bien, te recuperarás —le dijo el árabe con voz dulce.


—Gracias, me llamo POETIZA y soy Mexicana —dijo ella estremeciéndose al ver sus ojos preocupados.


—Volveré en unos minutos POETIZA —le dijo el árabe y se fue dejándola sumida en sus pensamientos, pasados unos minutos llegó con una bandeja con comida y POETIZA la devoró casi de inmediato, el sonreía complacido.


—¿Me desvistió el medico? —preguntó  mirándolo tímidamente y el respondió que si, ella bajó la cabeza y se acurrucó entre la colcha.


—Duerme pequeña, volveré dentro de 3 horas cuando cierre la tienda a ver si necesitas algo, en el baño hay agua caliente, toda la casa tiene calefacción, y aqui tienes una ropa adecuada que ponerte —le dijo señalándole unas bolsas grandes encima de la cómoda, ella solo asintió con la cabeza pero sin dejar de mirar a aquel hombre tan gentil.


El árabe salió de la habitación y POETIZA dejó escapar unas lagrimas, estaba confundida, muy triste, sola y abandonada, luego se levantó y vió el contenido de las bolsas, encontró una bata de baño, se metió a la regadera, cuando salió se sentía mas calmada, se cepillaba el pelo ante el espejo de la cómoda cuando el tocó la puerta y la entreabrió.


—Disculpa, volveré mas tarde —dijo el árabe al ver que aun no estaba vestida.


—No, entra —dijo ella y el le entregó una cajita con chocolates, un libro y una flor, POETIZA tomó la flor, la besó y la estrechó contra su pecho diciendo gracias. El la miraba fascinado.


—¿Estas mejor POETIZA? —ella dijo que si con la cabeza.


—¿Quieres contarme lo que pasó? —preguntó el y ella empezó a llorar, el la abrazó y ella se estremeció al sentir esos brazos cálidos que le daban cariño, le acarició la espalda consolándola, ella dejó de llorar, olía la colonia que el llevaba puesta, suspiró y se apretó a el, un momento después, se separó un poco y mirándolo a la cara vió lo guapo que era y sollozando le contó todo.


—¡Desgraciado! —dijo el abrazándola mas fuerte y la acunó en sus brazos.


—Tranquila, tranquila. —le decía con ternura mientras le acariciaba el pelo aun húmedo.


—Es un bastardo, el muy canalla me rentó el departamento diciendo que solo lo necesitaba por tres meses pero no me dijo que traería a una mujer, nunca te vi salir, a el lo vi alguna vez pero al ver que no vino a entregar la llave decidí subir a ver que pasaba y te encontré —le dijo con ternura, estaban muy cerca, POETIZA sentía su cuerpo muy junto al suyo, tenia los ojos cerrados, temblaba y no de frio, el seguía abrazándola contra su pecho, ella se separó un poco, el vió sus ojos enrojecidos por el llanto.


—¡Por Alá! —exclamó el árabe y POETIZA tragó saliva al ver en sus ojos preocupación.


—Ya pequeña, ya pasó todo, estas segura aqui, estarás bien, si deseas regresar a México puedo ayudarte y si quieres quedarte también —y ella se refugió en sus brazos, entre ellos se sentía querida.


Pasaron unos minutos en silencio, abrazados, ella movió la cabeza y en ese instante sus labios se rozaron y el la besó suavemente, ella correspondió a ese beso dulce, sincero y delicioso, ella se bebía su aliento, le dolía el alma pero su cuerpo cantaba a la pasión, el acariciaba su espalda, la llevó a la cama, la acarició de pies a cabeza con infinita ternura, trazó una linea de besos desde el cuello hasta su cueva del placer y bebió gota gota de aquel manantial que POETIZA le ofrecía, ella gritó como fiera herida, hicieron el amor con desesperación, POETIZA sintió centímetro a centímetro como iba llenándola de felicidad, después de pasar instantes de salvaje intensidad terminaron exhaustos y aun abrazados seguían comiéndose a besos, el la llenaba por completo.


—¡Mi princesa Árabe! —le dijo el al oído y POETIZA sonrió, se sentía feliz y satisfecha.


Durmieron juntos muy abrazados, al despertar por la mañana el no estaba a su lado y ella recordó como le hizo el amor, se metió a la regadera y al salir se vistió con la ropa que el le había llevado, cuando el llegó la llevó a conocer la casa y la tienda, todo era hermoso y grande, tenia un jardín precioso en el patio de atrás donde ella vió flores cubiertas de nieve y le dió tristeza pero sonrió cuando el le dijo que aun en Invierno el amor florece. Desayunaron en un amplio comedor lo que el preparó para los dos, la noche anterior solo habían cenado amor.


Pasaron los días, POETIZA se recuperaba en brazos de su árabe que le hacia el amor todas las noches, una tarde POETIZA leía un libro en su habitación mientras esperaba que su amante cerrara la tienda y se reuniera con ella para ir a preparar la cena cuando escuchó voces alteradas, salió al pasillo y escuchó una voz conocida.


—¡Es una mujerzuela, una puta barata, mejor depórtala a su país o te traerá problemas! —decía aquella voz, su corazón se encogió de angustia.


—¡Infeliz! ¡Vete o llamo a la policía! —gritaba el árabe.


—Ya te advertí, no sirve ni para la cama, es una vieja frígida —volvió a decir el otro gritando y sus palabras le taladraron los oídos.


—¡Vete o te saco a patadas! —dijo el árabe también gritando enojado y se escuchó un portazo.


POETIZA corrió a la recamara llorando, el pecho le dolía y no podía respirar, sentada en la cama lloraba sin consuelo, el entró precipitado y la tomó en sus brazos.


—¡Mi princesa! ¡Mi POETIZA! —ella lo miró con los ojos anegados en llanto.


—Me iré, no quiero causarte problemas —le dijo ella mirándolo con tristeza.


—POETIZA, nunca serás un problema para mi, eres mi bendición —le dijo y depositó un beso en sus labios temblorosos, ella cerró los ojos para sentirlo y nunca olvidarlo.


—Mi princesa, dime, ¿quieres quedarte conmigo? —ella lo miró con ojos sorprendidos por su pregunta y no pudo responder de inmediato. Quería quedarse con aquel hombre que le había dado en unas horas toda la felicidad que ella había deseado encontrar.


—El pasado estará siempre en medio de nosotros, esta no será la primera vez que venga ese mal hombre a seguir maltratando mi vida, tu eres tan bueno que no se como puedo pagar todo lo que has hecho por mi y si me quedo no podremos ser felices —dijo ella con la mirada perdida, se sentía tan deprimida, tan casada de sufrir que volvió a derramar unas lagrimas.


—¡Mi POETIZA! ¡Mi princesa Árabe! Yo haré que cada día de tu vida esté lleno de alegría, te cantaré todas las noches para que duermas en mis brazos, te haré el amor hasta que estés rendida y te llevaré conmigo a donde quiera que valla porque te encontré cuando mas te necesitaba y no quiero perderte —le dijo el y la besó con cariño.


POETIZA se quedó, se sentía feliz en su brazos y con su ternura. La llevó a conocer el pais, le compró un oso de peluche y siempre la llevaba de la mano, el la hacia sentir una princesa, su trato la derretía, ella suspiraba complacida.


Un Domingo que no salieron de paseo estaban sentados frente al ventanal de la sala viendo la nieve caer, conversaban alegremente y contaron sus vidas.


El había llegado a ese pais tres años después de la muerte de su esposa, no tuvieron hijos y ella falleció en una operación de apendicitis por una complicación, un amigo le recomendó este pais para iniciar una nueva vida, después de organizar en Arabia Saudita sus negocios se vino a poner una tienda de ropa y ver si encontraba felicidad. Ella lo miraba y le acarició el cabello al ver sus ojos tristes.


—¿La amabas mucho?—preguntó POETIZA.


—Si mi princesa, pero ella ya no está y la vida tiene que seguir —respondió el dándole un beso en la frente.


—Vámonos a vivir a Arabia Saudita, tengo amigos que arreglarán todo de inmediato si yo se los pido —y POETIZA quedó con la boca abierta por la emoción y no dijo nada pero lo besó agradecida por querer compartir su vida con ella.


—¿Seré una mas de tu harem? —dijo ella pensativa imaginado que no le gustaría compartirlo con otras, ella quería una vida tranquila, ya no era joven, el debía ver eso.


—¡Serás siempre mi princesa! —dijo el con vehemencia abrazándola con fuerza contra su pecho.


—Nunca he tenido harem, solo tuve una esposa, es cierto que podemos tener todas las mujeres que podamos mantener pero yo no sigo las costumbres que aun persisten en muchas partes de Arabia, fui educado para ser el heredero al trono pero los desilusioné al no poder tener hijos y ahora solo te quiero y te deseo a ti POETIZA, solo tu serás en mi vida, lo juro por Alá —y ella no lo podía creer, un príncipe Saudí le pedía unir sus vidas para siempre. Estoy soñando se decía POETIZA.


—Debí morir allá arriba en el departamento, no, no puedo aceptar, esto parece un sueño hermoso pero creo no es para mi, te arrepentirás y te aburrirás pronto de mi —decía POETIZA con lagrimas en los ojos pero tranquila, resignada a su suerte, a estar sola como siempre y dejar partir al amor de su vida.


—¡Jamás POETIZA! Eres la mujer que estaba esperando. ¡Eres mía! ¡Tu me has dado la felicidad que yo deseaba! —le dijo el besándola con ardiente pasión y ella le correspondió al comprender que ese hombre no la dejaría, que la quería con el para siempre. Sus besos le dijeron cuanto la necesitaba. Se acariciaron lentamente, POETIZA se ahogaba en un remolino de sensaciones, era feliz.


—¡POETIZA, mi princesa Árabe! ¡Eres mía, solo mía! —le decía aquel hombre a quien juró hacer feliz. Tendidos en la alfombra hicieron el amor una y otra vez. La tarde caía, y ella en sus brazos dormitaba.


POETIZA se quedó a vivir con aquel hombre que le dió un cariño sincero y la llenaba de felicidad. Pasados unos meses partieron hacia Arabia Saudita donde en un castillo vivirían ese dulce y apasionado amor que habían encontrado.


POETIZA vivía feliz recorriendo el desierto a lomo de un camello con el a su lado, en el castillo hacían el amor por todos los rincones, el siempre la miraba con ternura, era el hombre que ella tanto esperó.


POETIZA fue feliz en Arabia Saudita al lado de ese hombre que por las noches le hacia el amor y siempre la dejaba satisfecha. El pasado quedó atrás y ella encontró la verdadera felicidad en sus brazos.


—¡Te amo POETIZA! —le dijo el una tarde después de hacer el amor en la arena del desierto bajo los ardientes rayos del sol. Ella lo abrazó y le dijo a besos cuanto lo amaba.


POETIZA fue feliz.

FIN


Sandra Figueroa

Sueños de Poetiza

2022