¡Maldito demonio, te posesionaste
de mi alma y al corazón lo condenaste
a sufrir el tormento eterno de latir
sin esperanza! ¡Esta alma era hermosa,
tú lo sabias bien, para ella solo existía
lo bello de la vida, el universo entero
le pertenecía! ¡Alma cautiva, si, pero
llena de ensoñación, y tú la atrapaste
y la envileciste con tus maldades,
fingiendo dulzura cuando eran hiel
tus melosas palabras, pero mi alma
inocente no se dió cuenta porque bien
supiste disfrazarlas de miel! ¡Este corazón
latió en cada verso y canción, presentía
el peligro pero no sabe razonar, solo sentía
vibrar el amor en su palpitar, y lo envenenaste
al beberse punto a punto, coma a coma,
todo el veneno mortal que vertías en versos!
¡Envenenaste mi alma con dulces mentiras!
¡Maldito demonio perverso, mi alma es tuya!
Sandra Figueroa
2001


