Aquella noche entre los nopales.
La luna brillaba sonrosada.
Un apellido recuerdo: Rosales.
Tus besos eran de fuego, quemaban.
Tus manos palomas, locas volaban.
Te recuerdo grata y dulcemente.
Siempre en mi pensamiento presente.
Fuiste una ilusión pequeña y fugaz
de aquella mi loca adolescencia.
Recuerdo leve pero alegre y feliz.
Te quedaste para siempre en mi conciencia.
Sandra Figueroa
1998

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