El viento cruel sopla enfurecido,
ardiente golpea las rosas de mi jardín,
ellas, marchitas gritan, presienten su fin,
y se preguntan: ¿para que hemos nacido?
¡El viento nos quema! ¡Auxilio! ¡Piedad!
¿Para qué y porqué es que nacimos?
¿Quien puede decirnos la verdad?
¿Quien puede decirnos porqué morimos?
Ustedes dirán que las flores
no hablan, que no tienen conciencia,
que no sufren, que no sienten dolores,
que lo que las distingue es la esencia.
No hay que dudar lo que no saben,
todo tiene un propósito en el mundo.
¿Porque dudar que si pueden hablar?
La verdad es un misterio profundo
que ningún filosofo a podido encontrar.
Solo el alma del poeta ha descubierto
que el alma de las flores puede hablar.
¡Los poetas no dudan que sea cierto!
Sandra Figueroa
1999
ardiente golpea las rosas de mi jardín,
ellas, marchitas gritan, presienten su fin,
y se preguntan: ¿para que hemos nacido?
¡El viento nos quema! ¡Auxilio! ¡Piedad!
¿Para qué y porqué es que nacimos?
¿Quien puede decirnos la verdad?
¿Quien puede decirnos porqué morimos?
Ustedes dirán que las flores
no hablan, que no tienen conciencia,
que no sufren, que no sienten dolores,
que lo que las distingue es la esencia.
No hay que dudar lo que no saben,
todo tiene un propósito en el mundo.
¿Porque dudar que si pueden hablar?
La verdad es un misterio profundo
que ningún filosofo a podido encontrar.
Solo el alma del poeta ha descubierto
que el alma de las flores puede hablar.
¡Los poetas no dudan que sea cierto!
Sandra Figueroa
1999

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