¡Ya una vez me diste la dicha de sufrir
ese amor que nos transforma y nos llena,
y ese dolor tan dulce que nos purifica,
sentirlo no quiero otra vez Señor!
¡Las heridas sangran en mi alma,
en mi corazón no hay paz, se muere,
y en mi vida hay sufrimiento atroz!
¡No Señor! ¡No puede se otra vez! ¡No!
Sandra Figueroa
2005
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