Bendigo la hora en que te cruzaste en mi
camino. Bendigo al destino que hizo
te encontrara aquella noche. Yo era
feliz en mi jaula porque era un pajarillo
a obscuras que no conocía la luz y
llegaste tu con tu brillantez intensa
y me encandilaste, dijiste, hay un paraíso
lleno de flores bellas de variados colores y
que era mi lugar para que volara libre
al viento llena de sol, acariciada por
el místico perfume de las tardes de
verano, bañada de roció mañanero
tan puro como mi alma, y la jaula
quise romper en mil pedazos abandonándolo
todo y llegar hasta ahí, y me forzaste a
destrozar la jaula, pero al ver que la
puerta ya estaba abierta te fuiste
dejándome sola en la libertad.
Y ahí está la salida, sin embargo no
puedo volar sola porque no se donde
ir, no conozco el mundo, he vivido
encerrada en la obscuridad y pensé
que podría volar pero me equivoqué
y debo vivir en la obscuridad por
el resto de mi vida.
Sandra Figueroa
2001
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