¿Dónde estaba Dios
cuando secuestraste mi alma?
A gritos lo llamé sin respuesta,
me abandonó y fui poseída por
un demonio mas poderoso que el,
me fundí en llamas incandescentes
de perversión y maldad, y Dios
no acudió a mi llamado agonizante
cuando mi alma fallecía carbonizada
en brazos de Luzbel, gemí de dolor
resignada a mi suerte y lo amé.
¿Dónde estaba Dios? Todavía no lo se,
y ya no lo llamaré, ahora voy
por el mundo repartiendo vilezas
y maldades, y adorando al Señor
de las tinieblas, mi verdugo.
Sandra Figueroa
2014

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