Llegó el otoño a deshojar mis rosas,
la lluvia cruelmente las ahoga,
tras el cristal observo que mueren,
ya no tiene caso correr a salvarlas
como antaño hice en primavera
cuando el sol las marchitaba
y sollozando con mis manos jóvenes
las ocultaba dándoles sombra.
Ya no tiene caso prolongarles la vida
como hice en el caluroso verano,
si se que pronto llegará el invierno
y fallecerán de frío junto a mi cadáver.
Sandra Figueroa
2007



