La luna blanca que en el cielo estrellado me mira
es hermosa esta noche que a solas te escribo
lo que mi corazón dicta a mi fiel pluma.
Olvido todo, pienso en ti, en una cita
que a pesar de los años aun sigo esperando
con la misma ilusión de la primera vez que
dijiste muy seguro que pronto llegarías.
Amor: aun tengo fe en nuestro encuentro.
Amanece ya, el viento cálido entra por mí
ventana, que abierta siempre espera una
respuesta que no llega y el tiempo pasa
amenazando en destruir en tu ser, lo que
una tarde dijiste que era amor sincero.
En mi alma no morirá nunca porque echó
raíces en mi y esa semilla que sembraste
echó fruto. Este sentimiento tatuado
estará hasta el final de mis días, porque
fuiste tú mi niño lindo:
¡Mi última ilusión de amor!
¡Gracias por lo que hiciste nacer en mí ser!
Sandra Figueroa
2003
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