Nunca sabrás que en mi jardín de amores,
sembraste una flor blanca, bella y hermosa,
la tarde aquella que llena de colores,
fallecía como en un florero: la rosa.
Nunca sabrás de los tormentosos dolores,
que tu dulce espina clavo presurosa.
Al pretender probar tus mágicos sabores,
hasta mi propia sangre sabia deliciosa.
Nunca sabrás de las desdichas y temores,
que me causaban tu escritura dudosa,
y estos ojos tristes, tiernos, soñadores,
se bebieron en letras, agua venenosa.
Nunca sabrás de mi muerte en estas flores,
porque en versos, rimas, canciones o prosas,
dejo sepultadas las tristes emociones
que me despertaron tus líneas calurosas.
Sandra Figueroa
2001
sembraste una flor blanca, bella y hermosa,
la tarde aquella que llena de colores,
fallecía como en un florero: la rosa.
Nunca sabrás de los tormentosos dolores,
que tu dulce espina clavo presurosa.
Al pretender probar tus mágicos sabores,
hasta mi propia sangre sabia deliciosa.
Nunca sabrás de las desdichas y temores,
que me causaban tu escritura dudosa,
y estos ojos tristes, tiernos, soñadores,
se bebieron en letras, agua venenosa.
Nunca sabrás de mi muerte en estas flores,
porque en versos, rimas, canciones o prosas,
dejo sepultadas las tristes emociones
que me despertaron tus líneas calurosas.
Sandra Figueroa
2001

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