Un cigarrillo se extingue entre mis dedos,
el viento no deja mi cabello en paz,
aquí llorosa donde estoy recuerdo
lo que pasó entre las hojas secas
de aquel peral.
Solos, tú y yo en la inmensidad de la noche,
sin mas testigos que el viento que movía las hojas
y que en momentos murmuraba de envidia,
que nos envolvió con su frescura bajo el peral.
Solos, entregados a lo profundo de nuestra pasión.
Solos, absortos en nuestros besos y caricias.
Solos, en la quietud de la noche oscura.
Solos, con el crujir de las hojas secas
de aquel peral.
Tan solo se escuchaba el murmullo del viento
y los chasquidos de nuestros besos.
Solos, solo nuestros cuerpos jadeaban.
Solos, bajo aquel peral.
Él escuchó nuestros gemidos de placer.
Él, que se dió cuenta que entre nuestros labios
trémula y silenciosa estaba la palabra amar.
Se extinguió mi cigarrillo.
Ya mis ojos dejaron de llorar.
Ya mis labios dejaron de decir:
¡En aquel peral! ¡En aquel peral!
Sandra Figueroa
1984
el viento no deja mi cabello en paz,
aquí llorosa donde estoy recuerdo
lo que pasó entre las hojas secas
de aquel peral.
Solos, tú y yo en la inmensidad de la noche,
sin mas testigos que el viento que movía las hojas
y que en momentos murmuraba de envidia,
que nos envolvió con su frescura bajo el peral.
Solos, entregados a lo profundo de nuestra pasión.
Solos, absortos en nuestros besos y caricias.
Solos, en la quietud de la noche oscura.
Solos, con el crujir de las hojas secas
de aquel peral.
Tan solo se escuchaba el murmullo del viento
y los chasquidos de nuestros besos.
Solos, solo nuestros cuerpos jadeaban.
Solos, bajo aquel peral.
Él escuchó nuestros gemidos de placer.
Él, que se dió cuenta que entre nuestros labios
trémula y silenciosa estaba la palabra amar.
Se extinguió mi cigarrillo.
Ya mis ojos dejaron de llorar.
Ya mis labios dejaron de decir:
¡En aquel peral! ¡En aquel peral!
Sandra Figueroa
1984
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