las manos desgraciadamente me espiné.
De ellas salía mucha sangre
y por dolor, por eso no la corté.
Pero vino un alguien más
y con delicadeza la cortó.
El no se espinó las manos.
El no sufrió como yo.
El si se la llevó consigo.
El si pudo cortarla.
El si pudo amarla.
El si y yo no.
Esa rosa fuiste tú.
Rosa bella y hermosa
que por querer cortarte
no pude mas que espinarme.
Sandra Figueroa
1976

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