Hoy supe que un día tal vez no muy lejano me serás infiel
y dirás que fui yo la culpable de tu infidelidad,
que yo te orille a hacerlo,
o tal vez que era tu destino,
porque según tú una belleza como esa
nunca habías encontrado en tu camino,
delgada con sus lickras y su pelo negro suelto
y sobre todo que respondiera a tu claxon,
me dirás como hoy que no supiste lo que hiciste.
La verdad es que fuiste inmaduro,
que no supiste pensar
y que por un rato de placer
echaste por la borda nuestros años de matrimonio.
Que en ese instante se te olvidaron
(no yo) tus hijos.
Sandra Figueroa
1991
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