Quisiera contarles lo que he imaginado
en madrugadas de ardiente soledad,
pero no me atrevo por vergüenza
y temor, por miedo y cobardía.
Quisiera relatar de aquella noche
que llovía y friolenta sollocé,
y no me atrevo a confesarlo,
porque solo fue un sueño que inventé
para sentir fuego ardiente recorrer mi piel.
Sandra Figueroa
2005

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