¡La herida mortal que aquella tarde me hiciste
fue tan grande que a pesar de los años no quiere curar,
sigue sangrando cada vez que evoco tu recuerdo
porque por mas que quiero no puedo dejarte de amar!
¡La herida sigue abierta y duele todavía,
palpita punzante a cada latido del corazón,
y no curará hasta que vuelvas un día a mi lado
arrepentido y de rodillas implores mi perdón!
Sandra Figueroa
1999

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