La tormenta llegó precipitándose contra mi,
golpeando sin piedad mi cuerpo semi desnudo,
cada gota hiriente se clavó en mi ser,
el viento cruel arremetía tratando de derribarme
contra la arena húmeda de ese mar,
que embravecido frente a mi, me retaba.
Entré en el mar en medio de la tormenta,
desafiándolo, y desafiándome yo misma,
las olas enloquecidas queriendo llevarme
golpeaban sin respeto mi pecho agitado,
y ante tal grandeza y poder, tuve que retirarme
confusa al no haber podido penetrar sus misterios.
La lluvia aun caía hiriendo mis ojos y espalda.
Salí a la orilla de la playa cansada de luchar
contra la lluvia, la marea, y con mi alma.
Sandra Figueroa
2004

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