¡Te perdono,
pero no olvidaré esta historia!
¡Me hiciste daño!
¡Te clavaste en mi ama
como puñal envenenado
dejando una herida mortal!
¡Te perdono,
pero no olvidaré tus mentiras,
las que hicieron un nido
en mi mente inocente
trastornándola!
¡Te perdono,
pero no olvidaré tu maldad!
¡Me enamoraste,
y sabias que era frágil
mi tierno corazón!
¡Te perdono,
pero no olvidaré tu abandono!
¡Te di mis primeros versos,
y tú, sin misericordia,
te fuiste sin decir adiós
dejándome al borde de la muerte!
Sandra Figueroa
2004

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