Tú eras en mis sueños, el hombre perfecto.
Tú eras en versos tristes, mi amor sin nombre.
Tú eras en mis horas, quien me inspiraba.
Te construí un castillo, en el aire de la noche.
A todas horas, presente estabas vigilándome.
Tú eras la sombra, que sigilosa me acompañaba.
Tú eras esa luz, que iluminaba mi camino.
Tú eras esa voz susurrante, en mis oídos.
Tú eras ese sol, que me gritaba a diario,
que siempre habrá un mañana mejor.
Tú eras todo, en mi existencia vacía.
Tú eras en mis sueños, el hombre perfecto.
Sandra Figueroa
2008

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