Hay veces que el corazón adolece
al recordar traiciones añejas.
Lo vivido no queda en el olvido
si al recordar hace daño al alma.
Yo no olvido las traiciones nunca.
¡Ellas corroen mi ser, como cáncer,
me provocan vengarme de aquellos
que antaño me envenenaron el alma!
Sandra Figueroa
2002

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