Huyendo de un mundo de tristezas
te fuiste una noche sin decirme adiós,
y creí que a nueva vida fuiste llamada.
Supuse que no volverías mas al barrio,
que tus alas listas estaban para volar,
y volaste libre sin decirme adiós.
Pasó el tiempo, y no supe nada de ti,
si lloraste o me recordaste no me enteré,
y el reloj de la vida siguió marcando las horas
condenándome a aceptar tu partida,
pero un domingo sin que nadie supiera,
volviste en silencio a tu casa cerrada,
y ahí te consumes en viejos recuerdos,
sin salir, sin hablarme, sin llamar,
esperando paciente que llegue a tocar
la puerta que siempre estuvo abierta para mi,
pero no iré, porque todo cambio con tu partida.
Tan cerca estamos las dos, pero distantes
después que te fuiste sin despedidas,
sin una dios, como cuando eramos amigas.
Sandra Figueroa
2007