¡Apenas amanecía cuando caminaba
descalza por la orilla de la playa,
recolectando conchitas sonrientes
que a mi paso saludaban al sol!
¡Caminaba en paz con mis versos!
¡Mi alma y yo solas al amanecer
libres de ataduras, tranquilas,
eramos dos gaviotas traviesas
por la orilla de La Barra del Tordo!
Sandra Figueroa
2010

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