Hoy canto, porque llorar no puedo.
Mi canción es alegre y divertida,
quien la escucha no se imagina
lo que llevo escondido en mi pecho.
¡Canto al aire, que travieso acaricia
mi cuerpo frió desde hace años,
envolviéndolo en torbellinos tibios
que lo hacen estremecer de dicha!
¡Canto a la lluvia, que me acompaña
muchas veces tras el cristal opaco
de la ventana abierta en espera
de la ilusión, que no vendrá nunca!
¡Canto, a las flores del jardín vecino,
para que su aroma delicado despidan
y perfumen mi alma vacía y triste!
¡Canto al cielo, para que te bendiga
porque es necesario que lo haga!
Tal vez, cantando podré pagar
el pecado de haber amado tanto.
Sandra Figueroa
2002

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