¡Ha pasado el tiempo desde la tarde
que el veneno letal me bebí sin querer,
yo soy culpable y tengo mi castigo,
tu no prometiste nada, no debes temer!
¡Si te confesé ilusa mis sentimientos
no me arrepiento de haberlo hecho,
porque fui feliz en medio de aquel silencio,
aunque a la alegría no tenia derecho!
¡No importó nunca hacer el ridículo,
protegida estaba en la alborada
cuando te reías de mis cálidos versos,
aquellos que te recite enamorada!
¡No me importó nada, bien lo sabe Dios,
porque tanto amor me estaba matando,
y atreverme a confersarlo debía
aunque de mi te estuvieras burlando!
¡Me diste una tarde en un triste poema,
la dosis exacta para aniquilarme,
y al ver que enamorada estaba,
callaste bien lo que tenias que gritarme!
¡Y bien sabes que ilusionada te rogué
que abrieras alma y corazón ante mi,
pero fue muchas mas grande el orgullo,
y un silencio es todo lo que recibí!
¡No pretendo de tu desamor culparte
porque se que soy la única culpable,
me bebí el veneno emocionada
y ahora tu recuerdo en mi es imborrable!
¡Ahora que recuerdo, ya pasó el tiempo,
las horas se llevaron lejos mi alegría,
y en la boca tengo sabor amargo
al recordar los versos que te escribía!
¡Pero ya pasó el tiempo, no tengas miedo,
ya nada importa, ya todo es pasado,
es cierto que me dejaste envenenada,
pero dichosa de haberte amado!
Sandra Figueroa
2007

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