¡Hay momentos que muero
al recordar tus palabras!
Es muy triste encontrarme
prisionera sin cárcel
en la red invisible del amor
sin nombre, del deseo sin voz.
¡Te recuerdo con gran dolor
que mi pecho sangra y agoniza!
¡Camino por las calles de mi vida
lamentando amarte de esta manera!
Al mirarme fracasada y vencida,
sin cariño, sin fe y sin amor,
pido al cielo que llegue la muerte
y espero ansiosa pero aun no viene.
¡Esta fue mi suerte y la acepto!
¡Yo tuve la culpa de mi fracaso!
Sandra Figueroa
2001

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