Los niños jugaban a ser grandes,
pasando de la infancia a la madurez
torpemente imitaban a los mayores
encendiendo un cigarrillo tras otro.
Se retorcían las niñas con la música
de aquel baile de quince años.
Las niñas iban enseñando sin pudor
las tangas que usaban esa noche,
y en las blusas casi transparentes,
se notaba que no llevaban sostén.
Los niños rodeándolas las tocaban
vacilando en un vals sensual.
Las niñas ya no juegan a las muñecas,
se entrenan para trabajar en el tubo,
empezaron el tercer milenio liberadas.
Los niños fumaron y bailaron sonrientes
y con sorpresa me descubrí envidiosa.
¡Quien fuera niña y vivir la libertad!
¡Quien fuera niña del tercer milenio!
Sandra Figueroa
2005

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