El bello recuerdo que me dejaste
lo guardo en un verso para recordarte,
cada vez que lo leo sufro y lloro,
no puedo dejar un instante de amarte.
Tus besos dulces se hicieron canción
que yo canto estremecida de tristeza,
cada vez que la canto agonizo,
tal parece que mi alma llora y reza.
Tus caricias se hicieron mi prosa
que recito locamente enamorada,
cada vez que la recito recuerdo
lo que sucedió aquella tarde nublada.
Sandra Figueroa
1998

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