Si después de ponerse el sol
cae la lluvia en tu cabeza,
déjala que corra libremente
y te libere al fin del calor,
mójate hasta el último hueso,
empápate de fría humedad
mientras dure la lluvia,
porque después saldrá el sol
y volverá a calentar tu cabeza,
y te quemará hasta el alma.
Sandra Figueroa
2007

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